Muy pronto tendremos la vivencia de la expresión ciudadana políticamente hablando, con la llegada de las elecciones. Para el Congreso, la Presidencia de la República, nada menos y nada más que la vertebra vital de la estructura legal colombiana, regida por la Constitución Nacional. Elegiremos un Parlamento, Senado y Cámara de Representantes por cuatro años que son, numéricamente un espacio suficiente y valioso para reformar al país. Para cambiarlo, enderezarlo si se quiere. El Congreso es la linterna para regir nuestros destinos. Es la brújula que nos debe orientar. Ahí nacen las Leyes y las Leyes son las que nos rigen, nos indican, nos protegen como y de qué manera vivir. Colombia está fracasada por un gobierno estéril, lleno de corrupción y quebrado económicamente. No es cualquier cosa, es hoy nuestro destino lamentablemente. Pero el timón lo tiene el Congreso y sus leyes las tiene que cumplir el Presidente y su gabinete. La importancia del Congreso es tan grande que podríamos decir en sus manos tiene los cimientos sobre los cuales edificamos nuestra vida. Entonces preguntamos: ¿Elegimos un Congreso mediocre o con dudas morales y nos hundimos aún más o resolvemos bien nuestras decisiones?

Lo mismo con la escogencia del Presidente. Estamos al punto de escribir nuestra rehabilitación o abrir más el foso donde enterrarnos. Desde hace más de treinta años no nos veíamos en esta terrible situación. Casos aberrantes como el manejo de la salud nacional, para no mencionar sino uno, produce rabia, dolor, vergüenza. Marchaba bien, con defectos pero actuaba. La atención caminaba y los medicamentos se entregaban. ¿Quién acabó ese manejo? La politiquería asquerosa de una Presidencia corrupta que quería entregar al Socialismo de izquierda la salud de todos nosotros.

Entonces vamos a elegir un nuevo Presidente. Hay candidatos del sector privado, que los llaman de derecha o centro como si viviéramos en la Francia del siglo antepasado, preparados ellos, maravillosos, con sus partidos o movimientos políticos organizados y sin manchas en la ética profesional. Es decir, en el programa hay una conjunción de Congreso y Presidencia que se representa como ideal. ¿Vamos a salvar el país y a nosotros con nuestros votos? ¿O queremos otros cuatro años de robos, parálisis en obras, sin salud, ni escuelas, ni carreteras, pretendiendo añorar a Maduro y seguir el embeleco de pelear con Trump o con Ecuador, sin aplicar la lógica elemental y vernos en una realidad cruda? Amigos colombianos y no amigos: Despertemos. No está en juego la política con sus falsos orgullos sino el destino de nuestros hijos, nuestra sociedad, nuestro trabajo, en fin, nuestro destino.