Todos nos fijamos metas claras en nuestras vidas, como tener relaciones más sanas o alcanzar objetivos profesionales, entre muchas otras. Sin embargo, con frecuencia descubrimos que, a pesar del esfuerzo y la intención, los resultados no llegan. Esto no siempre ocurre por falta de motivación o de acción, sino por la ausencia de un elemento clave: una mentalidad de crecimiento personal.

Existen las conocidas metas de desempeño, las cuales se enfocan en el resultado final, en lo que queremos lograr. Se consideran importantes porque nos dan dirección, pero por sí solas no nos garantizan el éxito; para que se materialicen, necesitamos de algo más profundo: las metas de crecimiento. Estas no se centran únicamente en el resultado final, sino en la transformación que necesitamos experimentar para lograrlo.

Existe una brecha entre el punto donde nos encontramos hoy y el lugar al que queremos llegar; esa distancia no se explica sólo por factores externos sino por aspectos internos que muchas veces no alcanzamos a observar con claridad. La brecha se mantiene abierta cuando nos faltan habilidades, confianza, disciplina y una mentalidad adecuada; en muchos casos intentamos avanzar sin haber desarrollado aún la mejor versión nuestra para esos objetivos. Por ejemplo, alguien desea ascender a un puesto de liderazgo en su trabajo, su meta es clara y su desempeño puede ser bueno, pero no es tenido en cuenta. Revisando en su interior descubre que el problema no es su capacidad profesional, sino que, en su rutina diaria, evita conversaciones difíciles, no sabe delegar adecuadamente y no se siente seguro tomando decisiones importantes. Su meta de desempeño es obtener el ascenso, pero su meta real de crecimiento es la de desarrollar su liderazgo, su seguridad personal y su comunicación; mientras no trabaje en acortar esa brecha, el resultado no se le dará.

El crecimiento personal es el proceso mediante el cual mejoramos, nos expandimos y maduramos. No se trata sólo de que hagamos más, sino de convertirnos en personas diferentes, con nuevos hábitos, mayor conciencia y mejores herramientas.

Las metas de crecimiento cumplen una función esencial: actúan como el puente entre nuestra realidad actual y la vida que deseamos construir; no eliminan del todo las dificultades, pero permiten que el camino sea posible. En lugar de preguntarnos por qué los resultados no llegan, debemos comenzar a preguntarnos en qué aspectos necesitamos mejorar para lograrlos. Cuando elegimos crecer, nos multiplicamos y, el logro deja de ser una opción y se nos convierte en una consecuencia inevitable.

@henrydelae