La tendencia de la semana pasada en las redes sociales fueron los therians. Este estilo de vida es adoptado por seres humanos, homo sapiens, que se sienten identificados o quieren ser percibidos como un animal, desde un plano psicológico y espiritual; llevándolos a asumir una vivencia o un comportamiento acorde con el animal que los identifica.
No es nada nuevo, pero los therians han escandalizado al mundo gracias al poder de divulgación que tienen hoy las redes sociales. Sin embargo, desde siempre conocimos therians: el hombre caimán; el perro mocho, que tenía hijos regados por todos lados; el sapo que siempre estaba en el salón de clases; y no podía faltar uno en las empresas, la víbora, aquella vecina chismosa de lengua viperina; y los gorilas, fanáticos de una comparsa de carnaval que ha perdurado con el paso de los años. Todos coexistían en un arca, pero no la de Noé, sino en una llamada sociedad.
Tal vez el therian más visible y dañino de nuestra sociedad ha sido la rata, que ha llegado al gobierno, a las instituciones y hasta a la justicia para depredar el presupuesto público, roer contratos y todo lo que está a su alcance. Y hablando de ratas y poder, ahí están también los líos de “la Gata” con las apuestas y la parapolítica, recordándonos que en este país la frontera entre el negocio, la política y la ilegalidad ha sido demasiado porosa.
Por esta época electoral, son comunes los therians camaleón, que no solo cambian de color sino de partido político y de colectividad según su conveniencia.; el therian mico o mono, que salta de palo en palo. También está el therian garrapata o chupasangre, que vive pegado, como buen parásito, al mejor anfitrión.
Identificarse como un animal o querer ser reconocido como tal es algo que ha estado presente en la especie humana desde antaño, aunque ahora se ha vuelto más notorio en la sociedad colombiana; aunque hoy, nos escandalizamos y creemos que son señales del fin del mundo porque un grupo de personas, la mayoría jóvenes, pretende ser reconocido como animal, usa máscaras y se viste como tal.
Pronto empezará la Corte Constitucional a proferir providencias protegiendo el derecho fundamental al libre desarrollo de la personalidad y a garantizar la decisión de querer ser identificado y reconocido como therian. Tal vez obligarán a los registradores nacionales a aceptar en las cédulas de ciudadanía y documentos de identidad la foto con la máscara del animal con el que se quiera identificar. También el sistema de salud deberá prestar servicios de medicina veterinaria, y deberán ser aceptados en universidades, en el servicio militar, en el matrimonio igualitario entre therians y cuanta idea brote de la imaginación.
Por mi parte, me dedicaré a observar con una taza de café en la mano todo lo que está por ocurrir, y pensar por un minuto en cuál therian quisiera ser, aunque descubrí que, desde que tengo uso de razón, guardo uno: el therian camello, pues no he hecho otra cosa en mi vida que “camellar” para poder vivir. Y es que en este país uno puede jugar a ser animal por moda, pero casi siempre termina siendo burro de carga por obligación.


