Al iniciar su más reciente alocución, el pasado domingo, a través de todos los canales de televisión, con el propósito, según indicó el presidente Petro, de defender su decreto con el que hizo el incremento del 23 % del salario mínimo legal –que ahora llama “salario vital”– para el 2026, suspendido provisionalmente por el Consejo de Estado, al dirigirse a los trabajadores, dijo una notoria mentira: “El trabajo que mañana comienza en sus jornadas, que deben haber sido ya menores, de acuerdo con la reforma laboral que logramos aprobar”. Más adelante dijo otra mentira: “Estamos creciendo la economía del país en 3,5 % o 3,1 % (sic)”.
Los colombianos sabemos que la reducción gradual de la jornada laboral semanal fue promovida por el expresidente Álvaro Uribe, aprobada por el Congreso en 2021 y conciliada y promulgada en el Gobierno de Iván Duque Márquez. En junio de este año, la jornada semanal será de 42 horas. Por otra parte, el Dane acaba de publicar que el crecimiento de la economía del país solo llegó al 2,6 % durante el 2025, el porcentaje anual más alto en el actual gobierno; en el 2024 fue de 1,5 %. Con estos datos se comprueba la realidad de los hechos.
En esas condiciones era muy difícil seguir escuchando tantas imprecisiones en una narrativa discursiva que, más que argumentos coherentes y razonables, tenía una clara orientación electorera, que al final se convirtió en amenazante convocatoria a los trabajadores a todas las plazas del país, para defender el salario vital. El populismo y la audacia proselitista fueron su prioridad y motivación.
En su fallo para suspender en forma provisional el decreto con el que se incrementó en 23 % el salario mínimo para el 2026, el Consejo de Estado solicitó al Gobierno que explique en detalle cuáles parámetros económicos justifican la fijación de ese incremento sin precedentes, en especial aquellos explícitos en la ley y utilizados históricamente, como inflación causada, productividad y crecimiento del PIB.
La situación creada por ese inusitado incremento salarial, más alto que el que solicitaron los trabajadores, apalancado en la idea del salario vital, sin considerar las implicaciones inflacionarias y la sostenibilidad empresarial, es muy compleja para el país desde las perspectivas social y económica.
Algunos sectores empresariales representativos como la Andi, pensando en el impacto que sufrirían los trabajadores, han expresado su inclinación generosa a mantener el incremento realizado, a pesar de los riesgos implícitos.
@AELopezP








