Entrego la segunda columna incluida en la serie denominada ‘Deconstruyendo Conceptos’, porque es preciso reconciliarnos con las narrativas y reeducarnos respecto a muchos términos que tergiversamos desde imaginarios prejuiciosos para usarlos de manera discriminatoria.
El clítoris es uno de esos conceptos que sufrieron algunas reservas y en determinadas culturas aún sigue siendo prohibido hablar de él, lo que posibilita que se continúe oprimiendo el derecho al placer de las mujeres y, lamentablemente, siguen ejerciéndose prácticas perversas como la “mutilación genital femenina”, las cuales se “normalizan”, denigrando los derechos femeninos.
De esta manera, es importante mencionar que, aunque el clítoris fue “descubierto” oficialmente en 1559 por el anatomista italiano Mateo Realdo Colombo, su anatomía completa permaneció en la sombra durante casi 500 años más. Es decir, estuvo “perdido” por mucho tiempo. A lo largo de los siglos, el órgano aparecía y desaparecía de los textos médicos. Por ejemplo, fue omitido de las ediciones del libro Anatomía de Gray en 1948 y volvió a incluirse en 1984.
De hecho, se generaron narrativas que lo seguían ocultando; por ejemplo, lo llamaron el “botoncito”, como si fuera un mito y no una realidad de los cuerpos femeninos; por ello, durante mucho tiempo se creyó que el clítoris era solo un pequeño bulto, sin ninguna función.
Fue hasta 1998 que la uróloga australiana Helen O’Connell describió la magnitud del clítoris y, en 2009, la investigadora francesa Odile Buisson obtuvo la primera ecografía 3D de un clítoris estimulado, mostrando cómo “abraza” la vagina por dentro.
Se puede concluir entonces que el clítoris estuvo por años rodeado de sesgos culturales y cargas machistas que con intención ocultaron su significado y el conocimiento social sobre este, especialmente el de las mujeres como sujetas eróticas, sexuales y con derecho al goce de sus cuerpos. De este modo, diferentes autoras coinciden en que este “desconocimiento” no fue falta de herramientas tecnológicas, sino un sesgo patriarcal que invisibilizó un órgano cuya función es el placer femenino.
En este sentido, es fundamental seguir analizando cuántas limitaciones se han establecido para las mujeres y su derecho al placer, pues la ciencia ha sido manipulada por visiones patriarcales que necesitan seguir oprimiendo las libertades femeninas para ejercer dominios ilimitados. Ahora que el concepto de clítoris ha logrado despojarse de diferentes sesgos, se abren posibilidades de hablar también de los orgasmos, de la sexualidad femenina, los cuerpos y el derecho al placer de las mujeres, sin que esto conlleve a coartar su libertad y esperando que puedan avanzar despojadas de mandatos patriarcales y heteronormativos que pueden impedirles vivir a plenitud su Yo Mujer. Hay que seguir despertando y transformando realidades.
@FACOSTAC








