Hoy quiero pedir licencia a mis lectores para ocuparme de la efeméride por los 140 años de la fundación del Externado de Colombia, estrechamente vinculado a mis afectos y a mi formación jurídica, ética e intelectual.
Varias veces he recordado en mis escritos cómo a los diecisiete años, llegado de Chaparral sin recursos, después de que el párroco José de Jesús Fernández me hiciera desistir de la idea que tenía, por razones económicas, de quedarme de profesor de algebra para sobrevivir, de la mano de mi inolvidable maestro Alfonso Reyes Echandía, este centenario centro de estudios me acogió, me protegió y me ayudó a cumplir mi sueño de ser abogado.
Mi caso no fue el único. El Externado le ha abierto las puertas y les ha facilitado incluso estudios en el exterior a muchos jóvenes de clase media venidos de la provincia y a todos nos inculcó las ideas liberales, la tolerancia, la disciplina de estudio y el respeto a la libre controversia ideológica.
Surgió en medio de la regeneración conservadora de Núñez y Caro, un 15 de febrero de 1886. Fue un refugio para los idealistas del radicalismo derrotados en la guerra civil de 1885. La mayoría de los profesores eran tan jóvenes como los alumnos, todos impregnados del ideario liberal que seguía la línea pacifista de Aquileo Parra y Santiago Pérez. En la primera etapa, que fue hasta 1895, logró sobrevivir a pesar de las persecuciones de todo orden propias de la Regeneración con su ley de los Caballos, la censura de prensa y las penas de destierro y confiscación.
Renació en 1918, luego de la crisis de la universidad Republicana de 1917, con un breve interregno en 1923. En esta segunda etapa se destacó la figura de Diego Mendoza Pérez, educador y político, a quien le debemos que la U. no hubiera sucumbido en ese momento. Fue rector hasta 1933 acompañado de jóvenes y brillantes profesores como Ricardo Hinestrosa Daza, Germán Arciniegas y Alfonso Araújo. Aun cuando surgió como una escuela de derecho, en sus programas había materias de distintas áreas del conocimiento como filosofía, idiomas, sociología, historia, geografía, matemáticas y contabilidad. Funcionó en modestas casas: en la carrera 10; en el costado oriental de la plaza de San Victorino; en la plaza de Bolívar, en la terraza Pasteur de la calle 24 y en el Barrio Santafé cuando era un barrio de clase media, donde cursé los tres primeros años de la carrera.
Es bien conocido el aporte que la universidad le ha hecho a la judicatura, la política, las ciencias sociales y la investigación científica. Por sus aulas pasaron, aun cuando algunos por distintas razones no terminaron sus estudios, Germán Zea Hernández, Felipe y Alberto Lleras Camargo, Plinio Mendoza Neira, Roberto García Peña, director emérito de “El Tiempo”, José Joaquín Castro Martínez, Alfonso Romero Aguirre, abuelo del escritor y columnista Ricardo Silva Romero, Carlos Lozano y otros. Gaitán y Gabriel Turbay dirigieron trabajos de tesis.
Aparte de estudiantes de provincia ha acogido expulsados por razones políticas como Crispín Villazón, Eduardo Suescun y hasta Raúl Leoni, víctima de la dictadura de entonces en Venezuela, quien se graduó de la universidad y luego fue presidente de su país.
Ricardo Hinestrosa Daza, jurista y magistrado, dirigió la universidad de 1933 a 1963 y Fernando Hinestrosa -de quien recibí gran apoyo- con apenas treinta años asumió la rectoría hasta su muerte en 2012. La transformó totalmente, tuvo la visión de abrir otras carreras y llevarla de una pequeña casa hasta el complejo universitario que es hoy.
Después de Juan Carlos Henao, liberal de pensamiento y presidente de la Corte Constitucional, está al frente de la universidad otro de los aventajados discípulos del Dr. Hinestrosa, Hernando Parra Nieto, hombre para el siglo XXI, que ha sabido interpretar las profundas transformaciones que se dan hoy en la educación superior, firme en sus convicciones liberales como sus antecesores, pero con mentalidad abierta a todas las corrientes de pensamiento y quien la ha internacionalizado. Precisamente en julio dirigirá el Congreso Mundial de Derecho Constitucional. A los profesores, nos actualiza en técnicas de la enseñanza y nos organiza clases de inteligencia artificial.
Afortunadamente esta celebración llega en un ambiente distinto al del centenario cuando tuvimos que llorar a muchos de nuestros profesores, absurdamente sacrificados en la todavía impune tragedia del palacio de Justicia.
@gomezmendeza








