En Barranquilla el humor no es un accesorio: es una forma de sobrevivir. Aquí nos reímos de nosotros mismos, improvisamos soluciones, bailamos en la sala, en la esquina o en la fila del banco. Somos espontáneos por naturaleza. Decimos lo que sentimos, abrazamos sin pedir permiso y hacemos chistes incluso cuando la vida aprieta.
Barranquilla vive como baila: con el cuerpo entero, con el corazón abierto, con el alma y con esa mezcla única de sabrosura y coraje que solo entiende quien ha aprendido a levantarse sin perder la sonrisa.
Por eso esa frase que hoy suena en la voz del barranquillero Beéle, en su participación junto a Shakira en Hips Don’t Lie, nos representa tanto: con el alma y con candela. Porque aquí no se quiere a medias, no se baila tibio y no se vive en piloto automático. Aquí se siente profundo o no se siente.
Somos una ciudad que ha aprendido a celebrar aun en medio de la incertidumbre. Que transforma la dificultad en ritmo. Que convierte el cansancio en danza. Que hace del Carnaval de Barranquilla algo más que una fiesta: un acto colectivo de resiliencia.
Celebramos no porque todo esté perfecto, sino porque entendimos que rendirse no es opción. Celebramos porque necesitamos reencontrarnos, mirarnos a los ojos, recordar quiénes somos cuando el tambor suena y el cuerpo vuelve a moverse.
Aquí la alegría no es ingenua: es valiente. Aquí la risa no es superficial: es terapéutica. Aquí el baile no es solo baile: es catarsis, es abrazo social, es memoria viva.
Barranquilla está de pie. Alegre. Viva. No porque no haya problemas, sino porque hemos aprendido a caminar con ellos sin soltar la esperanza.
En estos días de Carnaval, cuando las calles se llenan de color y la música nos recuerda que seguimos vivos, vale la pena detenernos un instante y agradecer. Agradecer por la ciudad que somos, por la gente que resiste sonriendo y por esa capacidad tan nuestra de convertir la dificultad en alegría compartida.
Vivir en Barranquilla es disfrutar de una ciudad caribeña en constante crecimiento, caracterizada por la alegría, el sabor y su vibrante cultura. Se caracteriza por el lema “quien lo vive es quien lo goza”, destacado por su famoso carnaval, el baile, la salsa del Joe Arroyo y lugares emblemáticos como el Gran Malecón y la Ventana al Mundo.
Y mientras haya música, comparsas y corazones dispuestos a sentir, seguiremos viviendo así: con humor, con espontaneidad, con resiliencia… con el alma y con candela.
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