El país debe mucho a Álvaro Uribe. Atravesábamos una terrible situación, como la que hoy vivimos. Uribe ofreció paz y orden, y vaya si lo logró, al punto que no sólo fue elegido en primera vuelta, y sino también reelegido como presidente. Después, nunca nos abandonó y, aún en la actual situación en manos de un ex guerrillero desvariado, se mantiene enfrentando a los malandros y frenando sus desvaríos. En su primera campaña presidencial hicieron de todo para eliminarlo, sabían que enfrentarían un decidido adversario, al extremo que hasta una bomba pusieron al paso de su vehículo, menos mal sin consecuencias fatales.
La única falla que se le puede endilgar a Uribe es su nula capacidad para escoger sucesores: Terrible lo de Santos, culpable de lo que nos ocurrió y aún nos ocurre; fallido lo de Zuluaga, y otra vez terrible lo de Duque, al punto que ya es extendida la idea de que Uribe en política es capaz de cometer cualquier error. Todo indica que, aunque la Cabal era preferida de la gente y la del talante más similar al de Uribe, éste se inclinaba por la mesurada Paloma, quien finalmente salió elegida candidata del Centro Democrático, que no del uribismo, porque también se dice que hay más uribismo que afiliados a su partido, claro, Uribe es único. Ojalá esto no termine siendo otro error, al igual que involucrarla en una consulta plagada de pre candidatos con el uno por ciento de aceptación en las encuestas, que en esto de la política menos por menos no resulta más, sino requetemenos.
El caso es que aspiran a presidencia un montón de personajes que, si bien alguna vez ocuparon cargos destacados, hoy no mueven la aguja de las masas, lo que tenía al debate en modo jartera. La aburrición la salva Abelardo De la Espriella, un empresario distinto, lo califican como “outsider”, o sea ajeno a todo movimiento político partidista, es el Uribe del momento, muestra por Colombia el mismo fervor de Uribe, asume los mismos riesgos, lo quieren matar, y sus firmeza lo ha llevado a encabezar todas las encuestas cosa que, en vez de aterrizar a los otros aspirantes les tiene tan ardidos sus tontos egos, que no hacen sino atacarlo, en vez de atacar a Cepeda, el candidato de Petro y sus malandros que sostienen ganará.
Pero no. Petro estimula votación, pero no la endosa. Recuerden a Bolívar, mano derecha de Petro, quien pintaba ganador a la alcaldía y, quedó ¡de tercero! O sea que, una cosa es ser el dueño de los votos, y otra muy distinta es endosarlos. Así que tranquilos: los cálculos petristas están como él: desfasados.
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