La semana anterior advertí del desastroso manejo de las finanzas públicas, que también afecta la ganadería, eslabón primario de las cadenas cárnica y láctea, estratégicas para la seguridad alimentaria y la diversificación exportadora. Sin embargo, la carne y la leche son mundos con riesgos diferentes, hoy agravados por las medidas económicas del gobierno.
La población mundial no detiene su tendencia de crecimiento ni su apetito por la proteína animal, toda una oportunidad para los países productores de carne bovina, Colombia entre ellos, en el puesto 16 de la producción mundial.
Durante la última década las exportaciones de carne y animales crecieron, con un pico en 2022, cuando superaron los 500 millones de dólares, cota a la que nos acercamos de nuevo, pese a la devaluación de dólar y gracias al acceso al mercado chino en 2024; que abre una gran posibilidad a partir de 2026, al establecer cuotas anuales y arancel del 55% a las importaciones de Brasil, Argentina y Uruguay que superen el 3% de las mismas, mientras Colombia conserva el acceso libre. Sin embargo, es una oportunidad neutralizada por la devaluación del dólar, un fenómeno acelerado en nuestro país por la monetización de la excesiva deuda pública, de los dólares del narcotráfico y la amenaza de repatriación de inversiones de los fondos de pensiones.
Ahora bien, lo que para la carne es la afectación coyuntural de una oportunidad, para la leche es el agravante de una amenaza a la supervivencia. A partir de 2026, el TLC con EE. UU. contempla la liberación del comercio de lácteos, con lo cual habrá importaciones sin límite, sin arancel y sin contraprestación, pues la leche en polvo es un commodity en el que no somos competitivos, desventaja que tampoco se compensa con exportaciones de carne, esas sí competitivas, pero sin acceso a ese mercado; por lo que le hemos pedido al gobierno que el tema se incluya en la reunión Trump - Petro.
El libre comercio y el dólar barato amenazan con una avalancha importadora que disminuirá el acopio y deprimirá el precio interno, mientras los costos aumentan con la inflación y, en 2026, con el exagerado incremento del salario mínimo. Las estimaciones son catastróficas. Se podrían perder más de 150 mil empleos rurales y 70 mil fincas ganaderas, la mayoría pequeñas, podrían abandonar la producción de leche.
Sea la oportunidad para reivindicar el esfuerzo de más de 600.000 ganaderos en medio del abandono y la violencia. Gracias a su tesón tenemos el hato número 12 de mundo, con 30 millones de animales que producen al año más de un millón de toneladas de carne y de 7.500 millones de litros de leche.
Un esfuerzo bajo amenaza, mientras el Gobierno… guarda silencio.
@jflafaurie


