El Imperio Bizantino (Roma en Oriente) es famoso por sus complejas disputas teológicas sobre la naturaleza de Cristo y otros misterios de la fe, que duraban siglos y dividían a la Iglesia. Hoy una discusión bizantina es un debate sin sentido, enfocada en detalles irrelevantes y argumentos que no conducen a ninguna conclusión útil. La anécdota, tal vez exagerada, cuenta que mientras los otomanos se tomaban Constantinopla en 1453, Bizancio seguía discutiendo el “sexo de los ángeles”.

Estados Unidos, gigante energético del mundo, produce más petróleo que cualquier país: 20 millones de barriles/día. Con reservas probadas de 45.000 millones de barriles de petróleo y 600 trillones de pies cúbicos de gas natural, cifras enormes, no domina desde el punto de vista geológico. Su poder está en su capacidad tecnológica, financiera y operativa para extraerlo, incluso si es costoso. Venezuela es el reverso de la moneda, sus 300.000 millones de barriles de reservas de petróleo, 17 % del mundo, es la mayor cifra registrada en cualquier país. Superar a Arabia Saudita explica por qué ese país es un actor, hoy de reparto por circunstancias conocidas, imposible de ignorar en geopolítica energética. Sus 195 trillones de pies cúbicos de gas natural cubrirían nuestro consumo actual por 400 años, lo que refuerza su potencial energético. Pero el país con mayores reservas del mundo produce solo 1 millón de barriles/día (3 millones en los 90); infraestructura deteriorada, falta de inversión y pérdida de talento técnico, por los desatinos del modelo bolivariano, explican esa paradoja. Pero, las reservas no desaparecieron, el tablero global cambiaría al imaginar a Venezuela operando de nuevo en condiciones óptimas. No es una hipótesis ideológica, sino geológica y económica: con esas reservas bajo tierra es, en esencia, un formador de mercado hoy deprimido. Además, en una primera etapa, no necesitaría recurrir al fracking, pues con reservas básicamente convencionales, pueden reactivarse con recuperación primaria, rehabilitación de pozos y mejoras operativas. El fracking, base del auge de EE. UU., es intensivo en capital y sus costos de extracción elevados. Bien gestionados, nuestro vecino tendría costos de producción por barril menores. Si recupera inversión y estabilidad operativa, aumentaría su producción por décadas y se convertiría en actor, ya protagonista, del equilibrio global oferta y demanda. En un mundo que necesita del petróleo y el gas por muchos años más, las reservas importan, pero también plantear cómo y a qué costo se extraen.

No es retorica bizantina, EE. UU. domina por eficiencia y velocidad, Venezuela tiene volumen y costos que podrían darle un peso estratégico global. Su operación la convertiría en jugador relevante del sistema energético mundial; los venezolanos merecen ese lugar y sus beneficios, tras 28 años de lucha y sufrimiento, asumiendo que ya terminaron.

@achille1964