El pasado puente festivo realicé un ritual con mis hijas para desarrollar una ceremonia en la que Gala, 18 años, y yo, le dábamos la bienvenida a Fiorella, 10 años, al multiverso de la literatura. Y lo hicimos con el mismo libro que utilicé para darle la bienvenida a Gala cuando tenía 7 años de edad, con el mismo propósito: el amor por la lectura. Se trata de Cien años de soledad.
La escena fue bellísima. Mediodía, los tres en pijamas en la locha del fin de semana largo, yo con el libro en la mano y Gala cargando a Tony y Milú, perrito y perrita, a quienes pusimos como testigos, para hacerle entrega del libro como una bienvenida a este multiverso de la literatura en el que, estábamos seguros, se iba a deleitar, siendo ella una niña con buena lectura y comprensión lectora para disfrutar de este y muchos libros más.
Para mí, fue un acto simbólico enorme entregarle el libro y que ella me entregara su tablet en la que estaba jugando, con mi supervisión, por supuesto. Le dije que le estaba entregando una forma de diversión que nos permitió a las generaciones anteriores viajar por muchos mundos a través de la palabra impresa, lo cual nos sirvió para entender mejor este mundo y estar en él.
Gala me quitó la palabra y le recitó de memoria la primera página del libro como introducción a una explicación que le dio acerca de todo lo que representa esa novela y su autor y, más aún, le explicó cómo se deben leer los libros, de la portada a la contraportada. Y, en una concesión especial, le dijo que podía usar un lápiz y escribir en las páginas lo que le pareciera interesante para investigar y después lo borrara cuando adquiriera el conocimiento. Yo metí el comercial del Pequeño Larousse Ilustrado para que aprendiera los sinónimos y antónimos de las palabras. Dijo que ya le habían enseñado qué era eso.
Le explicamos lo del árbol genealógico para que estuviera pendiente de los lazos familiares como uno de los núcleos de la narrativa. Le mostramos Expedición Macondo, un hermoso libro de la escritora Irene Vasco con ilustraciones de Rafael Yockteng, que explica en forma gráfica, la complejidad de la novela y el perfil psicológico de los personajes. Así como hicimos con Gala, en el sentido de regalarle ese libro después de leer la novela 3 veces, igual haremos con Fiorella apenas termine la primera lectura.
Escuchar a Gala transmitirle con toda esa sabiduría su experiencia con la novela y la literatura en general, me hace sentir que voy por el buen camino en la formación de Fiorella en la adquisición del pensamiento crítico, que sólo se consigue en los fértiles caminos de la lectura.
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