Como es costumbre, al cierre del año, hacemos un balance de lo vivido, resaltando los logros, los asuntos pendientes, las aspiraciones y anhelos para el año que inicia. Por ello, estamos en el momento ideal para tomar con fuerza las riendas de los propósitos que proyectamos para esta nueva anualidad, justo cuando en nuestro espíritu aún resuenan las alegrías y gratos recuerdos de las fiestas decembrinas y nos disponemos con vigor y nuevas sensaciones a reintegrarnos a las actividades laborales, o el retorno a clases, o las responsabilidades hogareñas, etc.

Viví con felicidad el cierre de año, tuve el privilegio de compartir sus últimas horas con mi madre, mi suegra y mi familia. Cumplí con optimismo los agüeros de año nuevo a sabiendas de que solo, con mi compromiso y perseverancia, se volverán realidad, al igual, que los anhelos que, con fe, me repetí a mí mismo, después, de la catarata de abrazos, besos y deseos de feliz año, en la que se desbordó mi corazón, al escuchar las estridentes sirenas y los pitos que retumbaban en la radio. En la tarde hice un balance de lo vivido, resaltando, especialmente, los asuntos pendientes.

Los expertos recomiendan fijar metas realistas, realizables e, incluso, con plazos para concretarlas. No se trata de no aspirar o no soñar en grande, sino de establecer objetivos que podamos alcanzar y nos sirvan, incluso, para apalancar otros anhelos que nos parezcan más lejanos e inalcanzables. Lo contrario puede generar sentimientos de frustración temprana. Es trascendental persistir y no ser severos con nosotros mismos cuando tropecemos en el camino para lograr dichos objetivos, al igual que hacerles seguimiento.

El año que comienza y nuestros anhelos son como una hoja de papel en blanco, en la que con entusiasmo debemos signar, cada uno de los sueños que queramos y vayamos haciendo realidad en el transcurrir de sus 365 días. Es como un listado virtuoso de las vivencias que nos deparará el futuro.

Con mi saludo fraternal para todos los lectores de este espacio de opinión semanal, quiero invitarlos a abrir su propia página en blanco, preñarla con sus deseos y hacer frecuentes balances, para sentir la satisfacción del deber cumplido, el éxito de las metas, la alegría de los logros obtenidos, en fin, el regocijo de sentirse bien y el deleite de ser feliz, en todos los ámbitos de su entorno personal. Además, para lograr felicidad es necesario ser expresivo de empatía y disponibilidad de servicio y solidaridad con los congéneres. ¡Que este año nuevo les llegue a todos con paz, salud y amor!

@Rector_Unisimon