Colombia envejece y con ello se abre ante el sector inmobiliario una oportunidad que no admite más demoras: la economía de las canas. Hoy las personas de 65 años o más representan el 10% de la población colombiana y se estima que en 2050 representen el 18%. No se trata solo de adaptar baños o eliminar un escalón; es repensar el producto, la financiación, la ubicación y la cadena de valor para un mercado que exige seguridad, cercanía a servicios y una vida comunitaria digna.
Para promotores y diseñadores esto implica abandonar la lógica del metro cuadrado por la lógica del valor funcional. Viviendas accesibles, microconjuntos con apoyos integrados, cohousing intergeneracional y unidades fácilmente adaptables a pérdida de movilidad pasan de ser ofertas de nicho a ser productos centrales. Estos formatos, además, suelen traducirse en menor rotación, perfiles de ocupantes más estables financieramente y una demanda creciente por servicios complementarios, como domiciliarios, de transporte y de salud, que aumentan la rentabilidad y el valor patrimonial.
En lo fiscal y territorial existen palancas que pueden acelerar este mercado. En Barranquilla, por ejemplo se cuenta con beneficios tributarios sobre impuesto predial para jubilados no solo alivian gastos sino que pueden ser comunicados estratégicamente para facilitar el acceso a vivienda y fomentar proyectos dirigidos al adulto mayor. Aprovechar instrumentos locales y regionales tales como ordenanzas, incentivos a la rehabilitación, usos mixtos, es una tarea tanto para el sector privado como para la administración pública.
El acceso a la salud es el eje que condiciona la elección residencial. La combinación de atención primaria cercana, capacidad hospitalaria y servicios geriátricos marca la diferencia entre una oferta atractiva y una oferta irrelevante. Por eso, los proyectos que establezcan alianzas con redes de salud, que incorporen espacios para atención ambulatoria o que ofrezcan servicios de telemedicina y conserjería de salud tendrán ventaja competitiva tangible.
La economía plateada no es una carga demográfica ni una moda pasajera, es una demanda estructural que conviene diseñar hoy. Quien integre accesibilidad, salud y servicio en su propuesta no solo ganará mercado; contribuirá a ciudades más inclusivas y a una mejor calidad de vida para todas las edades. Esa es, en definitiva, la verdadera rentabilidad del sector: proyectos que cuidan personas y perduran.
@kelipuche








