La conectividad, expresión utilizada para valorar las regiones, ciudades y en general poblaciones de diferentes tamaños, es un requerimiento necesario para el desarrollo. En 1932, Juan B. Calderón, un pionero en la construcción de la carretera Ciénaga-Barranquilla, con recursos propios, inició la obra que conectaría a dos importantes ciudades del Caribe colombiano. Su visión de futuro y desarrollo para la región lo llevó a emprender este proyecto, que más tarde se convertiría en la carretera de La Cordialidad. Conocí por descripción de mi madre la hija de Juan B, la llegada desde Ciénaga a Barranquilla por vía terrestre, por el camino que en forma artesanal habían diseñado, los primeros emprendedores de esta importante obra. Con palas, picos y machetes atravesaron en forma primitiva los 60 kilómetros de caminos, repletos de selvas pantanosas. En medio de la Ciénaga Grande y el Mar Caribe, Isla Salamanca, atravesaron los numerosos obstáculos, grandes cuerpos de agua, humedales, con vegetación de bosque tropical, con variada y fauna silvestre, tigres, micos, caimanes, serpientes y multiplicidad de insectos. Fueron recibidos los cienagueros por sus vecinos barranquilleros, con regocijo del logro de una hazaña, como lo destacó Juan B. Fernández Renowitzky, director de EL HERALDO, a quien le tocó celebrar la llegada de tan ilustres visitantes.
La Ciénaga Grande es un humedal protegido por la Convención sobre los Humedales (conocida como la Convención de Ramsar), un tratado internacional que sirve de “marco para la acción nacional y la cooperación internacional para la conservación y el uso racional de los humedales y sus recursos.
Se recibe después de muchos años, hace casi un siglo, la aprobación por la AMLA, para desarrollar una de las obras más necesarias, para transformar la región. La ampliación y modernización de la carretera Ciénaga-Barranquilla, la cual, mejorará la conexión terrestre de todo el país. Protegiendo el ecosistema, y marcando el paso del desarrollo de las poblaciones cercanas. La obra debe contribuir a la disminución del daño ambiental, con la construcción de viaductos que no afecten el entorno natural permitiendo darle continuidad al intercambio de las aguas del mar con las de la ciénaga.
En ella habitan unas 53 especies de peces. Los bosques de manglar y humedal que caracterizan la flora del lugar le dan beneficios incalculables para Colombia y el mundo, en donde, una hectárea de manglar, captura hasta 50 veces más dióxido de carbono que una de bosque. Otra condición en la Ciénaga Grande es que en ella hay pueblos palafíticos (viviendas en el agua) que se extienden por 26,810 hectáreas que dependen de la pesca. Carecen sus pobladores de servicios públicos principalmente, de agua potable. Es una zona de gran riqueza biológica, pero sus habitantes se encuentran en situaciones deplorables, sin servicios públicos ni atención en salud. Los nativos deben ser tenidos en cuenta para el mejoramiento de sus condiciones de vida, al lado de los cambios que se vienen con las nuevas obras.
@49villanueva