Si Francisco Maturana les puso los pantalones largos a los futbolistas colombianos y les dio una autoestima que les permitió codearse con argumentos por lo alto en el escenario futbolístico mundial, José Néstor Pékerman les enseñó la resiliencia para ser capaces de afrontar las grandes adversidades y salir robustecidos en el esfuerzo para mantenernos en la élite en la que cualquier país quisiera estar.
Este mundial ha servido para demostrar lo que un gran técnico es capaz de lograr con un grupo de jugadores en busca de la gloria a esos niveles. Para mí, el gran logro del señor Pékerman es haber fortalecido mentalmente a estos muchachos para hacerlos capaces de algo en lo que antes fallábamos con marcada frecuencia: venir de atrás, remontar con el marcador en contra, enfrentar físicamente a jugadores de mayor talla y peso sin quebrarse ni mental ni físicamente, resistir partidos de 120 o más minutos. Eso es algo que resulta definitivo para competir a gran nivel en la alta competencia y, por eso, los colombianos reconocemos el esfuerzo de nuestros muchachos y nos sentimos orgullosos por la forma en que nos representaron.
Como nos ha sucedido en los dos últimos mundiales, hemos salido por falencias arbitrales y no por falta de méritos de nuestros futbolistas ni de su técnico. Con el VAR hubieran validado el gol de Yepes y con el mismo instrumento hubieran validado el de Bacca. Por tanto, no entiendo tampoco para qué inventaron eso si no lo usan para las situaciones que deben ser. Por mí que se lo lleven para el carajo.
Me he comunicado con mis amigos futboleros para que me expliquen, porque aún no he podido entender, qué fue lo que pitó ese árbitro en la jugada del gol de Bacca, porque no había dos balones en la cancha y el juego lo reiniciaron los ingleses. No había ninguna razón futbolística para que detuviera la jugada y anulara el gol. Por supuesto, todos hicieron referencia a la madre del árbitro después de dar su opinión, pues lo consideraron un robo descarado.
Y aquí es donde aparece la resiliencia porque, a pesar de varias decisiones sospechosas del tipejo, por decir lo menos, los jugadores colombianos nunca perdieron el control de las emociones en sus reclamos, a pesar de la enorme frustración que sentían, y siguieron batallando hasta lograr el empate y dominar a los ingleses al punto de acorralarlos en el tiempo extra.
Eso se lo debemos a Pékerman, pues se logra con un trabajo íntimo con sus dirigidos y que solo se aprecia en el “big game”, en los momentos trascendentales de la batalla épica en los que debe aparecer el cerebro y no los testículos, porque no se trata de “tener huevos” sino inteligencia.
Igual que en el mundial pasado en Brasil, los muchachos y el técnico salen con la frente en alto y a la espera de nuestro reconocimiento como país, no nos eliminó un equipo de fútbol superior a nosotros sino un árbitro sin profesionalismo y deshonesto.
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