La noticia tenía que estallar como una bomba de hidrógeno, dicho solo para recalcar que el estruendo de la noticia que dejó libre de cargos (¿alguna vez usted llegó a conocer esos tales cargos?) al jonronero norteamericano Barry Bonds, sacado del béisbol por las evidencias -no pruebas- sobre su consumo de estimulantes para seguir despachando jonrones a diestra y siniestra.
Lo que se dijo en su momento una y mil veces más era que Bonds evidenciaba un hecho que no falta de pruebas y testimonios que lo condenaran, había unos efectos comparativos que lo hundían. Así nadie hubiera salido (ni hasta ahora ha habido quien lo haya intentado jamás) denunciar lo que si se ha denunciado. ¿Y qué es o qué era en su momento?
Que este Barry Bonds había resultado bateando más jonrones en una época que es de decaimiento y descenso, superando otra época suya en la que estaba con todo el poder de su juventud. ¿Eso era posible, cómo lo hizo entonces? Por consumo de estimulantes, dijeron muchas veces, pero sin que nadie se hubiese alzado para decir: “Yo vi a Bonds consumiendo estimulantes prohibidos ”.
Por todos los medios se trató de encontrar un acusador que hundiera a Bonds, pero este no salió nunca a la luz pública. Hubo un presunto testigo que han encarcelado varias veces porque dicen que guarda silencia pero a la larga o a la corta han tenido que liberarlo. Lectores amigos: Este cronista tiene la salud quebrantada y no ha podido hacerse a mejores informaciones.
Lo que sí sabemos es que Bonds seguirá ‘sub júdice’ por el resto de su vida. No contará jamás con la reputación de un Hank Aaron, el hombre al que le destrozó su record de jonrones de todos los tiempos. Este sin un hombre impoluto, al que nadie ha acusado de nada. Un flaco que 25 o 30 años atrás comenzó a acumular bambinazos hasta llegar a los umbrales de los 714 del Bambino. Grano a grano llena el buche la gallina y Aaron llenó lo suyo para ponerse en la cúspide de los grandes batazos, luego bajado por el corpulento toletero.
En otra ocasión seguiremos hablando de estas páginas grandiosas del arte de batear con mandarria, que es lo que distingue a los jonroneros...








