El baby boom se refiere a un fenómeno demográfico de crecimiento exagerado de los nacimientos que sucedió en algunos países anglosajones en el período inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial, entre 1942 y 1960. Los nacidos en ese período se conocen como baby boomers y se dio de forma significativa en USA, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.
Los dos términos también se aplican en los países cuya demografía no refleja el crecimiento sostenido en las familias de lo que se esperaría para su condición económica, cultural y social, por ejemplo, Colombia. Por tanto, yo y todas las personas de mi generación somos unos baby boomers criollos porque el equivalente en español, “explosión de natalidad”, no traduce lo que realmente somos, entre otras cosas, porque esa guerra también nos afectó a nosotros. Mi padre me contaba sus peripecias para trabajar porque las oportunidades escasearon en la postguerra y tuvo que aplazar la culminación del bachillerato por un tiempo hasta cuando pudo lograrlo y terminar siendo profesor de español y literatura.
A los de esta generación nos ha tocado ser testigos de eventos que nos marcaron: Los Beatles, Mayo del 68, la llegada a la Luna, la Guerra de Vietnam, la Guerra Fría, las protestas contra la guerra, la libertad sexual, el movimiento feminista, los hippies que después se volvieron yupies –los que tenían la tula– movimientos por los derechos civiles y ecologistas, los derechos de los homosexuales y discapacitados, el derecho a la intimidad.
Es decir, una batalla constante para sacar la vida adelante en un proceso en que nos hemos hecho mayores esperando que haya un equilibrio mínimo en el planeta para intentar una vida tranquila. Siempre se nos dijo que debíamos trabajar bastante con el fin de crear las condiciones para ese futuro promisorio de leche y miel y así lo hicimos con las mejores ganas. Hoy, ya llegamos al futuro y, sorpresa, la batalla continúa, no hay esas tan cacareadas condiciones y toca seguir pilando por el afrecho para construir esa quimera.
La pregunta que me hago es cómo denominar a los nacidos en Colombia en estos últimos 50 años en los que han nacido y siguen naciendo en medio de un conflicto interno brutal, autogenocida, que alcanzó unas proporciones que han quebrantado todos los cimientos de la sociedad y tergiversado todos sus valores hasta crear una cultura con reglas éticas y morales de difícil interpretación para los nacidos en el reino de este mundo que están naciendo y seguirán haciéndolo con un cerebro que no es ni mejor ni peor que el de sus padres y abuelos, sino diferente.
Y a los primeros nos tocará inventarnos una carreta bien selectiva para enseñar lo que sirve de nuestra generación, aprender de su tecnología para asimilar sus bondades y seguir tirando carreta con ellos, porque tenemos un lenguaje que sigue siendo válido pues todo baby boomer sabe, así lo pueda expresar o no, que todas las guerras que le ha tocado presenciar en su desarrollo como ser humano nunca terminan con el propósito por el cual se iniciaron y que, más allá de una nueva repartición del poder y los recursos económicos, nadie gana.
Toca seguir pilando para que nazcan los baby bacans.
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