El Heraldo
Opinión

La naturaleza reclama lo suyo

No debería sorprendernos absolutamente nada de lo que está sucediendo actualmente con lo relacionado a la naturaleza, la Tierra como planeta, aposento de la naturaleza, es muy sabia, incluso la tierra se encarga de procesar la materia orgánica de desecho en forma automática, sin que requiera de la intelectualidad de sus depredadores, es así que a un cadáver lo pulveriza y entra a formar parte de su esencia, ajustándola al principio de conservación de la materia y energía, “la materia y la energía ni se crean ni se destruyen, se transforman”. Pese a las acciones depredadoras de los seres humanos, mimetizadas bajo el eslogan de transnacionales, las cuales son abanderadas en la destrucción de ecosistemas, maquilladas con las frases eufemísticas de crecimiento sostenido (es sostenido porque incrementa las ganancias y utilidades para ellos, es decir, sostienen sus utilidades a costa de la destrucción), la naturaleza busca recuperar sus cauces naturales, los ríos, las montañas.

Miremos el caso del Río Magdalena, con cuanta anterioridad no avisó a todos lo que se nos venía, cuando encalló a tres buques, para que nos diéramos cuenta del alto nivel de sedimentación de su canal, la falta de mantenimiento no solo allí, sino a lo largo de toda su trayectoria, sin embargo las autoridades no hicieron caso al aviso del Río Magdalena. Hoy no hay damnificados por la temporada alta de lluvias, sino víctimas de la delincuencia de cuello blanco, de esa inseguridad administrativa que hace más daño que la delincuencia común.

Miremos el caso de los derrumbes, muchos son reclamaciones de la naturaleza, que busca el espacio que le ha sido robado mediante depredación. El hecho de utilizar explosivos para derribar montañas, cerros, no solo genera ondas P, sino S, y esto resiente a los terrenos tanto exterior como en sus capas interiores, produciendo debilitamientos de sus capas interiores, que la naturaleza, dentro de su mecanismo de regulación automática, busca por todos los medios reconstruir su desmembramiento, pero infortunadamente los depredadores no prevén esto y no toman las medidas pertinentes del caso, por ello tenemos los hundimientos de vías, poblaciones (efectos de ondas P y S) y avalanchas de lodo.

¡Que viva la depredación cómplice disfrazada de crecimiento sostenido, que la naturaleza no habla pero responde sabiamente!

José de Jesús Tejada Maury
jotema044@hotmail.com

 

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