Y de día y de noche, a los pies de tus aletas y ventanas, reposamos las faenas de nuestros tiempos. Decidiste ser feliz, gloriosa y altiva...Vanidosa. Tus tardes rocían las firmes manos del progreso y de tus encantos. Tus mañanas, esas mañanas, despiertan hasta los recónditos sueños de quienes te amamos. Eres belleza.
Ahora, tus vientos son más cálidos, tus aromas de naturaleza más penetrantes y tus verdes atuendos más hermosos. Eres la Barranquilla de infinitos colores y de liderazgo aterciopelado. Tus encuentros no furtivos con el mar y con el Magdalena acompasan la sonoridad de tus llamativas y cantoras aves. Eres la ciudad ecoturística que mejor nos inspira, que todos añoran, que caminas y caminas portentosa, limpia, exitosa y libre; ¡resiliente, a pesar de todo!
Sin duda alguna, eres la poesía de oro o de diamantes por tus fulgores. ¡Oh, cuánto impactas el corazón caribe de cada uno de nosotros! ¡Eres biodiverso de maravillas! Cuyas voces nos susurran al corazón, a veces agónicas por el dolor que le causan nuestras nocivas y sórdidas acciones. ¿Acaso es justo? ¡No!
Que estas voces aporten a la conciencia ciudadana, para romper el silencio de quienes de verdad te queremos, respetamos y defendemos. Esta especial tribuna de palabras danzantes y eternas clama por ti, por tu especial cuidado y conservación; pero, sobre todo, para que prevalezca tu espíritu de amor que se regocija en tu ambiente de humanidad, humildad y en tu poder de currambera: La bella.
Ángel Custodio Hurtado Espinosa




















