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Un grupo de trabajadores posa para el lente de EL HERALDO.
Mery Granados
Barranquilla

El ejército de trabajadores que está detrás del ‘nuevo’ Cortissoz

Seis trabajadores dan a conocer algunos detalles de su labor para apoyar las obras de remodelación del Aeropuerto Internacional Ernesto Cortissoz.

El aeropuerto Ernesto Cortissoz ya tiene una nueva cara. El pasado miércoles se pusieron en funcionamiento una renovada terminal aeroportuaria, vías de acceso y zonas verdes contempladas en las obras de modernización del aeropuerto que presta sus servicios a Barranquilla.

  En medio de un ambiente de celebración, propios y visitantes empezaron a disfrutar de estos ambientes, entre los que se destaca, la moderna zona de ‘check-in’ que cuenta con 49 módulos de atención a los pasajeros, cumpliendo con los más altos estándares de calidad.

La puesta en marcha de estas zonas fue posible gracias al arduo trabajo realizado por más de 650 personas, que conformaron los 70 frentes de obra que estuvieron laborando durante 24 horas, los 7 días de la semana.

Con tesón y pasión, estos hombres y mujeres trabajaron incansablemente con el objetivo de cumplir el compromiso de tener lista la terminal aérea para la recepción de los participantes en la asamblea número 61 del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Y aunque dicha reunión fue aplazada ante la alerta mundial por la propagación del Covid-19, este no fue impedimento para lograr su objetivo y tener lista la terminal aérea en el tiempo pactado.

“Fue un compromiso que asumimos todos. Desde los obreros hasta la gerencia estábamos comprometidos con cumplir esta meta. Siempre estuvimos mentalizados en no fallarle a la ciudad y al país, que era nuestra responsabilidad más grande”, expuso la arquitecta Lida Pava, quien desde hace más de dos años se desempeña como directora de proyecto.

Al interior de la terminal aérea, la acción no cesa. Decenas de empleados siguen trabajando contrarreloj con la intención de cumplir con una nueva meta: tener listas las obras, de manera total, para finales del mes de mayo.

Como un reconocimiento a su loable labor, EL HERALDO les presenta cinco breves historias de trabajadores que durante varios días se encargaron de “dar una milla extra” para así mejorar los estándares de calidad, seguridad y confort para los viajeros y la comunidad aeroportuaria en general.

La juventud, el principal aporte del Jorge Enrique como electricista
Jorge Pérez revisa un ascensor. Mery Granados

La juventud no ha sido un impedimento para que Jorge Enrique Pérez Díaz sea uno de los jóvenes que aporta su “granito de arena” para la remodelación del aeropuerto Ernesto Cortissoz.

A sus 21 años, este joven soledeño hace parte del grupo de electricistas que se ha encargado de las labores de instalación de redes, así como de realizar trabajos de mantenimiento preventivo y/o correctivo.

“Hemos trabajado arduamente, muchas veces me tocó extenderme en el horario para poder cumplir con las tareas asignadas”, dice Jorge Enrique, mientras acomoda algunas herramientas para seguir con sus labores.

Para él, su edad ha sido un aspecto a favor, que le ha servido para destacarse entre sus compañeros: “He aprovechado cada consejo que me dan mis compañeros con más edad, uno siempre les aprende. Además, valoran que los jóvenes tenemos la voluntad para hacer cualquier tarea”.

El joven, quien actualmente adelanta sus estudios superiores en una universidad de la ciudad de Barranquilla, también asegura que de su mente nunca se borrará la impresión que expresaron varios de los primeros pasajeros.

“Muchos se alegraron del cambio que ha tenido el aeropuerto y es muy satisfactorio para uno, hacer parte del equipo que hizo posible este logro”, asegura cuando una sonrisa se dibuja en su rostro.

El inspector Leonardo Siado y su satisfacción por el deber cumplido
Leonardo Siado y Lida Pava. Mery Granados

Cuando adelantaba sus labores como inspector mecánico, durante un turno de madrugada, un pensamiento inspirador se apoderó del Leonardo Siado Ocampo.

Mientras revisaba el trabajo que realizaba su equipo de trabajo, empezó a pensar en el sentimiento de orgullo que embargaría a sus hijos cada vez que pisaran el aeropuerto Ernesto Cortissoz.

“Empecé a imaginarme que cuando mis hijos llegaran al aeropuerto después de un viaje de trabajo o de vacaciones, se sentirán satisfechos al recordar que su padre estuvo presente en este gran proyecto”, recuerda el hombre, quien trata de evitar que su voz se quiebre. 

Para Siado, quien es técnico soldador y cuenta con 12 años de experiencia, un factor clave para tener éxito en esta titánica labor fue la organización y el engranaje de los distintos equipos de trabajo.

Muestra de esto, según su relato, es el trabajo mancomunado que se realizó por varias semanas en el área de ‘check-in’ del Cortissoz.

“Fue un trabajo en conjunto, parecíamos un reloj suizo. Hubo personas desarrollando la obra civil, mientras otros estaban encargados del trabajo eléctrico y otros de las labores mecánicas”, explica Siado, quien agrega que la pasión de todos los empleados es un motor que ayudó a cumplir la primera meta y que, sin duda, los empujará a cumplir el cronograma a cabalidad.

El aprendizaje de María Kamila
María González durante sus labores. Mery Granados

Las obras del aeropuerto Ernesto Cortissoz fueron un reto para la parte administrativa. Y así lo ratifica María Kamila González Domínguez, jefa administrativa del Grupo Aeroportuario del Caribe, quien apoyó el proceso de compra de materiales.

“Tener todos los materiales, en el menor tiempo, fue una labor extenuante. También fue algo nuevo para mí y el equipo, porque no teníamos mucho conocimiento de este tipo de negociaciones y tuvimos que aprender sobre la marcha”, expuso la mujer.

Para ella, cumplirle al país y la ciudad fue una tarea que demandó esfuerzos –incluso– personales: “Esto significó trabajar más tiempo; tuvimos que trasnochar y madrugar, así como trabajar durante los fines de semana, para tener todo listo en el momento que lo requerían”.

González, quien es administradora de comercio exterior de profesión, fue enfática al indicar que “me enorgullece el crecimiento personal y profesional que he tenido. Llegué hace dos años con ciertas tareas y mientras iba pasando el tiempo, nos fueron llegando más labores. Me ha tocado involucrarme con todos los procesos y conocer todo eso me enorgullece”.

Normalidad en la operación, la responsabilidad de Federico y David
González y Montoya en la obra. Mery Granados

Velar para que la operación en el aeropuerto Ernesto Cortissoz no sufriera afectaciones mientras se llevaban a cabo las obras de remodelación fue el reto que trasnochó en más de una oportunidad para el director de Operaciones del Grupo Aeroportuario del Caribe, Federico González Falquez.

“Los tiempos no son tan generosos como muchos piensan. Este es un aeropuerto que tiene movimiento durante las 24 horas del día y debemos realizar todo tipo de actividades en cualquier ventana operacional para poder avanzar”, asegura González Falquez, quien suma 22 años trabajando en esta terminal aérea.

Para David Montoya, oficial de Seguridad Ocupacional, la clave del éxito fue el trabajo en equipo, puesto que les permitió avanzar en ambos frentes: aire y tierra.

“Mi labor principal es estar pendiente de la seguridad de la operación del lado aire, pero en los últimos meses asumí el reto de apoyar las tareas en el nuevo edificio del aeropuerto, más exactamente en labores de limpieza y organización”, sostuvo.

Los dos hombres califican como un logro que ninguna aeronave tuviera problemas para aterrizar en el Cortissoz: “La gran satisfacción es que la operación fue normal, nunca se suspendió. Estamos orgullosos de contribuir, desde nuestra experiencia, para este logro”.

Ana María, la ‘espantapájaros’ que cuida los nuevos jardines
Ana María Cogollo con varios obreros Mery Granados

La ingeniera ambiental Ana María Cogollos se describe como una “barranquillera más”. Aunque nació en Bogotá, su amor por la ciudad –a la que llegó hace más de cinco años– ha sido el motor que impulsó su compromiso en el proceso de remodelación del aeropuerto Ernesto Cortissoz.

Además de su labor como “espantapájaros”, la mujer se puso al frente de la responsabilidad de adecuar las distintas zonas verdes de la terminal aérea más importante de la región Caribe.

“Con estos espacios verdes buscamos adornar y embellecer esta terminal tanto en la parte externa como en la parte interna”, expone la mujer, quien también es bióloga de profesión.

Cogollos explica que este fue “trabajo titánico” debido a las dinámicas de construcción, que no podían suspenderse para realizar esta labor.

“Nuestro reto fue ir construyendo mientras iban liberando las áreas”, sostiene la profesional, quien agrega que se utilizaron cerca de 12 mil plantas para todos estos espacios.

Indica que el mayor reto fue la construcción del jardín vertical ubicado en la zona de ‘check-in’, puesto que cuenta con un sistema de riego para su cuidado.

Por último, destaca que “todos dejamos nuestra pasión en esto; todos trabajamos en sinergia. Acá no solo sembramos plantas, también sembramos nuestro amor, tiempo y alma”.

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