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Más de 50 años de trayectoria se perciben apenas se cruza la puerta del taller de Amalín de Hazbún. Basta observar sus paredes para entender que gran parte del brillo que ha vestido el carnaval ha tenido el sello de una sucreña que convirtió a Barranquilla en el escenario ideal para tejer su historia.

Empírica por convicción, la consagrada ‘Aguja de Oro de Colombia’ aún pisa firme las baldosas de ese recinto ubicado en la carrera 57 N° 85-85, en el norte de la ciudad, un espacio donde sigue creando junto a su hija Judy y su nieta Mayra, convencida de que el secreto para permanecer en el oficio está marcado por una pasión que no se jubila.

“Aquí festejamos nosotros el carnaval como si fuera propio. Disfrutamos mucho, pero también trabajamos duro y logramos hacer un esfuerzo muy grande, siempre creamos cosas lindas”, fueron sus primeras palabras a EL HERALDO.

Y no solo la realeza carnavalera ha encarnado su sello. Reinas de belleza y novias que llegaron al altar vieron en ella un talento admirable, intacto frente al paso del tiempo.

“Todos los días me dicen: –Mami, ya descansa–. Pero yo digo: No puedo descansar, porque es que esta es mi vida. Si yo dejo de trabajar, me muero. Me quieren tanto y me cuidan. Mis hijos todo el día me dicen: –No te caigas, cuidado te caes–, porque una caída es terrible”.

Sin embargo, sabe que el futuro de su legado está asegurado. “Mayra y Judy son el legado definitivamente. Este va a ser un legado largo, bastante, porque ellas también están haciendo lo mismo: trabajar con amor, con responsabilidad, con esfuerzo y con mucha pasión”.

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Su camino en la fiesta comenzó en 1975, cuando tuvo el honor de confeccionar el vestido de coronación de Regina Sojo, reina de ese año. Su más reciente creación para este momento emblemático fue el traje que lució Isabella Chams, reina del Carnaval 2020, aunque su historia en la celebración aún no ha culminado…

Utiliza la psicología

Para ella, ningún vestido es igual a otro, porque cada creación parte de una mirada analítica sobre la persona que lo llevará.

“Yo siempre pienso que se vean muy elegantes, que se vean muy femeninas, que no sea muy exagerado, porque las cosas exageradas no me gustan”.

Esa misma filosofía la aplica con todas las mujeres que llegan a su taller. “Cuando hago un vestido de cóctel o de la mamá de una novia, yo la miro, la converso un rato, si no la conocía trato de conocerla, de desarrollar todo lo que ella quiere y yo puedo complacerla, pero hasta cierto punto, sin exagerar”.

Jesús RuedaAmalín ha demostrado que la pasión no entiende de retiros.

Y entre risas afirma que, además del diseño, parece haber heredado otro talento. “Yo parezco psicóloga. Yo adivino lo que quiere la señora. Yo digo: ¿usted quiere algo así?, y me dicen: preciso, eso es lo que quiero y es que me doy el trabajo de conocerlas”.

Ese cuidado se transforma en satisfacción al final del proceso. “Siempre logro hacerlo y disfruto mucho, porque cuando ya termino, que veo lo que hice, me llena de mucha alegría. Este trabajo es muy lindo, esto es mucha belleza”.

Mira con optimismo la ciudad

Amalín se reconoce como hija adoptiva de Barranquilla. “Me he quedado desde los diecisiete años aquí, he forjado esta trayectoria tan larga y me alegra ver siempre el Museo del Carnaval porque de todos los vestidos que hice, ninguno se parece a otro, son diferentes todos”.

Sobre el presente y futuro del diseño en la ciudad, su mirada es optimista. “Barranquilla es una ciudad de muchachos y muchachas talentosos. Aquí vienen y yo los atiendo, les hablamos, pero son talentosos todos, aquí hay mucho talento”.

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Y es que la capital del Atlántico, ha sabido brillar en los últimos años con nuevas manos a las que hoy envía un mensaje de apoyo.

“Yo siempre les digo, sean primero honestos, muy honestos, responsables y pónganle amor a lo que hacen, que todo lo que se hace con amor queda bien”.

Además, es una convencida de que la ética es tan importante como la técnica. Para ella, el talento pierde sentido cuando se deja de lado la transparencia.

Orlando Amador

“Que no engañen, que sean honestos con las personas, porque mucha gente lo hace y eso no está bien. No se pongan a hacer disparates, sino cosas bien hechas”.

Y mientras ve cómo dos de sus colaboradoras realizan el montaje de una prenda especial sobre el maniquí, no olvida decirle a aquellos que hoy cursan una carrera de modas, que sin pasión jamás habrá vestuarios que cuenten una buena historia.“Todo es pasión en la vida”.