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El argentino Roberto Gasparini todavía conserva la camiseta 10 con la que jugó en Junior durante 1985.
Rincón Juniorista

“En el fútbol de ahora falta mucha inteligencia”: Roberto Gasparini

El argentino, un clásico volante 10, de gran pegada de tiro libre, pasó por Junior en 1985. Una tragedia familiar impidió que continuara vestido de rojiblanco. “Lamentable que no pudiera volver”, dijo.

No fue un argentino ‘fantasma’ que pasó por Junior. Roberto Gasparini demostró en 1985 que tenía la calidad, la efectividad y el carácter para permanecer muchos más años como ‘tiburón’, pero una tragedia familiar lo obligó a regresar a su país.

Esa temporada le bastó para estamparse en la memoria de los hinchas rojiblancos a través de su pegada de francotirador, de sus pases largos para explotar ese ‘Bólido’ que se llamaba William Rico y de toda su inteligencia para elaborar jugadas ofensivas, algo que, en su opinión, está escaseando en el fútbol actual. 

‘El Pato’, como lo apodaban, tiene 62 años de edad y muchos recuerdos de su paso por Barranquilla. EL HERALDO se los imprimió en esta entrevista. 

¿Qué hay de la vida de Roberto Gasparini?

Estoy radicado en Córdoba, Argentina. Después de Junior pasé por varios equipos del fútbol argentino y estuve jugando en México (durante seis años). En el año 1997 me retiré del deporte. A pesar de no continuar la carrera como técnico, sigo viendo fútbol y jugando con personas de mi edad. Uno nunca se olvida del fútbol.

¿Qué es lo que más recuerda de Barranquilla?

Tuvimos un buen año futbolístico y nos trataron muy bien a mí y a mi familia. Pasamos un año maravilloso. De no ser por la desgracia que tuve, el fallecimiento de mi padre y mi hermano (en un accidente), hubiera podido seguir otro año porque tenía contrato por doce meses más. La circunstancia hizo que tuviera que volver a Argentina. 

La gente lo quería y ya estaba adaptado…

Sí, aparte tenía contrato firmado por un año más. Había tenido una buena campaña, 27 goles en el año, el equipo ganó el primer campeonato y en el otro terminamos muy cerca de ir a la Copa Libertadores. Había quedado una buena imagen. La familia se había acostumbrado mucho también, pero lo otro me cambió todos los planes y me obligó a quedarme en Córdoba.

¿Cómo prosiguió su carrera en medio de esa situación adversa?

Después de lo de mi padre y mi hermano, el Racing de Córdoba, el club que me había vendido a Junior (en 150 mil dólares), me compra nuevamente el pase. Siempre estaré agradecido con los directivos de Junior por facilitar esa operación. En esa época los jugadores eran propiedad de los clubes. Jugué cinco meses en Racing de Córdoba y después me fui a Rosario Central, donde salí campeón de Argentina. Luego me fui a México, donde jugué en Necaxa, Tigres y Monterrey.   

¿Por qué no siguió como técnico?

Jugaba y dirigía en Racing de Córdoba, ya después de venir de México. Hacía las dos cosas al mismo tiempo. Un día decidí retirarme como jugador y técnico. Después estuve como ayudante de campo de un excompañero mío en varios equipos de Córdoba. En 2008 dirigí un equipo de cuarta división, Estudiantes de Río Cuarto. Luego mis hijos se fueron a vivir a España y todos los años voy a visitarlos y me quedo allá dos meses, eso es un gran impedimento para trabajar en el fútbol. Ya no tengo ganas de levantarme temprano para ir a una práctica.

En Barranquilla lo recuerdan mucho por su pegada. Dicen que un tiro libre suyo era más de medio gol…

Sí, tuve una racha en la que hice varios goles de tiro libre. En todos los equipos que jugué, tuve la suerte de convertir de tiro libre. Le pegaba bien a la pelota, era una de las armas que tenía.

Rememoran mucho los tres goles de tiro libre que le anotó a Millonarios en un mismo partido. ¿Cuántas veces protagonizó un triplete así?

(Risas)… Fue la única vez.

No es común ni fácil, ni siquiera para los grandes cobradores de la historia del fútbol…

No es fácil. Tuve la suerte. Aparte fue un gran triunfo ante Millonarios, ganamos 4-0. Recuerdo que ese día echaron a (Alberto) Vivalda por golpear a un delantero nuestro, creo que era ‘Kiko’ Barrios. Entró el nuevo arquero, yo patee el tiro libre y marqué el gol. No alcanzó a tocar la pelota el nuevo portero.

¿Recuerda los otros dos goles de ese día?

El primero fue un tiro libre medio rastrero entre la barrera. Otro de los goles fue medio confuso porque patee un tiro-centro y William Rico parecía que la cabeceaba. Existía la duda de si me lo habían dado a mí o a él. Fue una jugada rápida.

¿Dónde aprendió a pegarle tan bien al balón?

Es un don, nací con eso. Siempre le pegaba fuerte a la pelota, desde pequeño. A medida que fue pasando el tiempo, perfeccioné la pegada, a pesar de que no practicaba mucho tiro libre. Era algo natural.

¿Guarda camisetas de Junior de esa época?

Sí, tengo dos de las mías y una que usaba mi hijo en esa época, quien tenía año y medio y a veces salía conmigo a la cancha. En esa época no había los recambios de camiseta que hay ahora.

‘El Pato’ también conserva como un tesoro esta camiseta alterna del Junior de 1985. Cortesía

¿No guardó nada del día de los tres goles? En esa época no daban el balón al autor de una tripleta.

(Risas)… ¡Nooooo! Había pocos balones en esa época (risas). No era como ahora.

¿Otro partidazo con Junior que recuerde?

Otro frente a Millonarios, empatamos 3-3 y creo que hice dos goles. Fue en Bogotá. No me afectaba tanto jugar en la altura. También recuerdo que debuté en un partido amistoso contra Medellín, me marcó Leonel Álvarez. Perdimos 2-1, pero ahí debuté.

¿Mostró las charreteras de inmediato?

Sí, pero Leonel me marcó las charreteras de entrada (risas). Se hacía respetar.

¿Quién era el jugador que más pegaba?

Se jugaba fuerte. A veces había marcas personales. Teníamos un gran equipo, jugadores que desequilibraban. Hacíamos una gran presión en los primeros 30 minutos del partido y los rivales sufrían con el calor.   

¿Tenía un gran guardaespaldas como Edgardo ‘el Patón’ Bauza?

Sí. En el mediocampo jugábamos Mario Coll, Carlitos Ischia y yo. Adelante William Rico, ‘Kiko’ Barrios o Fernando Fiorillo y Didí Valderrama. Atrás estaban Bauza, Dulio Miranda, aunque después apareció Alexis Mendoza, que era muy joven, también Wilson Pérez, que tenía como 17 años y después fue una gran figura; Juan Carlos Abello, Pedro Blanco… Teníamos un gran equipo. La gente seguía mucho y el estadio siempre estaba lleno. 

Me cuentan que Édgar Perea (q.e.p.d.), cuando anunciaba la alineación, decía: “El mejor mediocampo del torneo, caballero: Coll, Ischia y Gasparini”.

(Risas). Estaba considerado uno de los mejores mediocampo, a pesar de que el América era un equipo fuerte y estaba el Cali del ‘Pibe’ Valderrama, Angulo, Redín, un equipo bárbaro con Vladimir Popovich de técnico. Eso nos complicó para lograr el cupo a la Copa Libertadores. Terminamos terceros o cuartos. Jugamos el último partido con América, si ganábamos clasificábamos nosotros (y eran campeones), pero perdimos 1-0 en Cali. Fue un partido muy parejo, pero difícil…

No era tan fácil por las cuestiones arbitrales de aquellos días…

(Risas)… Por eso mismo digo que era difícil. Había árbitros extranjeros que venían a dirigir las finales, pero estaban un poco manejados por otros equipos, no por el nuestro.   

¿Ese Junior merecía ser campeón?

En ese entonces el Deportivo Cali también tenía un gran equipo. Atlético Nacional y Millonarios también. Nosotros no éramos candidatos al título. Ganamos el primer torneo, pero no éramos favoritos en el segundo. 

Fue un año con mucha tensión alrededor de Junior por la polémica entre Édgar Perea y el técnico Roberto Marcos Saporiti…

Perea tenía un encono contra Quiroga (Óscar, el arquero) y Saporiti. Se acrecentó cuando Saporiti pone de titular a Alexis Mendoza y saca a Dulio Miranda, que fue una figura inamovible en Junior durante muchos años, pero salió bien la apuesta. Mendoza era rápido y joven. Lo necesitaba la defensa. Bauza y Dulio eran lentos y a veces, cuando atacábamos, los rivales nos contraatacaban y nos complicaban. Mendoza solucionó eso por la velocidad que tenía. Perea no discutía eso, estaba en contra directamente. Me parece que no quería que el equipo saliera campeón porque después no tenía ningún argumento para criticarlo. Constantemente hablaba mal del equipo. De mí, Ischia y Bauza, por suerte, nunca habló mal, pero sí de Quiroga y Saporiti. 

¿De qué manera influían los comentarios de Perea en el plantel?

No nos afectaban para nada porque la cabeza del grupo, Saporiti, nos había dicho que era una pelea de él y de Perea. Y es que del equipo no podía decir nada porque ganó el primer torneo y terminó peleando hasta la última fecha.

¿Quedó con la espinita de no jugar en el Metropolitano?

Sí. Se estaba construyendo y no llegamos a jugar ahí.

¿Sostiene comunicación con sus compañeros de aquel Junior?

Con los argentinos sí. Con Quiroga, que vive en Buenos Aires; con Ischia, las veces que dirigió partidos en Córdoba; igual con Bauza. También cuando estuvo en la selección Argentina. La otra vez saludé a Mario Coll en redes sociales. El doctor Iván Chalela, que era el médico del equipo, me ha invitado varias veces. Yo le digo que tengo que volver algún día, es una visita que tengo pendiente después de 35 años.

Los argentinos de Junior 1985: Edgardo ‘el Patón’ Bauza, Carlos Ischia, Roberto Marcos Saporiti, Roberto Gasparini y Óscar Quiroga.

¿Por qué le decían ‘el Pato’?

De chico me pusieron así. La verdad es que nunca supe por qué.

¿Con cuál jugador de la actualidad se podría comparar su estilo?

Difícil. Los jugadores han cambiado tanto. Es difícil conseguir ahora un armador. El fútbol de ahora es más físico y no hay jugadores que comanden los equipos. En el Junior de nosotros, Mario Coll era el que marcaba, pero también sabía jugar. Ahora a los talentosos los tiran a la orilla del juego. Es muy difícil ver un cambio de frente, falta mucha claridad para jugar, se choca mucho y se achican los espacios. Es difícil para un jugador sobresalir. Falta mucha inteligencia para jugar, hay muchos futbolistas que juegan prácticamente por lo que ponen físicamente. Muchos talentosos no pueden jugar a ese ritmo, y los que pueden jugar, los encasillan en una zona de la cancha y no les dan el lugar para transitar por donde puedan organizar el juego. Eso ha hecho que no se vean partidos alegres y dinámicos. Hoy el fútbol es mucho de correr y tirar centros, nada más.        

¿Si usted hubiese jugado en este tiempo es muy probable que un técnico tuviera su estilo de juego reprimido?

Sí. Habría que ver. De pronto me tendría que haber adaptado a las condiciones de ahora, a lo mejor resignando lo que hacía adelante, para poder cumplir con la parte defensiva del equipo. Ahora todos defienden y todos atacan. Si tú corres 50 metros para atrás, cuando recibes la pelota, estás como a 70 metros del arco rival. Eso hace difícil dar un pase-gol. No sabría decir si podría jugar o no. Yo creo que podría jugar por mi ductilidad para la pelota parada, que en este momento es primordial en el fútbol, es un arma decisiva. 

Usted era el clásico ‘10’…

Sí, el 10 de antes. Todos los equipos tenían un número 10 y yo era uno de esos.

¿Ha tenido la oportunidad de hablar con Saporiti?

Cuando yo estaba en México, él me trajo a Talleres de Córdoba. Hasta hace dos años estaba dirigiendo un equipo de tercera división de Buenos Aires. Se mantiene muy actualizado, es muy estudioso del fútbol, le tiene mucho cariño y amor.

¿Quién fue su mejor amigo en Junior? 

Éramos muy compinches los argentinos porque vivíamos todos en un apartahotel. Las familias estaban juntas. Me llevaba bien con los compañeros. Mario Coll, Abello, Alexis, Dulio, que era muy respetado, William Knight, ‘Kiko’. Abello era muy chistoso y siempre estaba bromeando. Le pegaba muy bien a la pelota.

En la cancha se entendió bien con William Rico…

Era un puntero muy rápido, tiraba muy bien las diagonales. En los contragolpes era rapidísimo. Con la pegada mía y la velocidad de él, sacamos ventaja.

¿Un mensaje para los hinchas de Junior?

Gracias por la forma que me atendieron ese año en Barranquilla, siempre los llevo en el corazón, fue mi primera salida al exterior, fue una gran experiencia. Lamentable que no pudiera volver. Tengo un rato recuerdo.

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