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Las hermanas Sánchez son pioneras en la comercialización de horneados integrales en el país.
Orlando Amador Rosales
Millennials

Claudia y Cristina Sánchez, el origen de un negocio saludable

Desde Barranquilla, las hermanas consolidaron una empresa que está presente en 42 ciudades del país y Panamá. Su historia es de sabor y equilibrio.

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Cuando en Colombia apenas se hablaba de la alimentación saludable, Cristina y Claudia Sánchez se atrevieron a ponerle su mirada emprendedora a este negocio. En 2015, convencidas de su potencial y sus ganas de sacar adelante su proyecto familiar, se arriesgaron y salieron a vender waffles integrales. Las hermanas cuentan que la idea surgió de su mamá, Julia Gutiérrez de Piñeres, y fue con ese producto que entraron a los mercados saludables en Barranquilla y Cartagena. 

Sin embargo, tras una salida a un restaurante típico de Barranquilla, se dieron cuenta que lo que predominaba en los platos de los comensales eran los deditos y las empanadas. Con esa imagen en la cabeza crearon sus propias recetas a base de harina integral. 

“Mi mamá es la que logra perfeccionar la masa de trigo integral que es nuestra masa insignia de la que hoy se derivan alrededor de 10 productos”.

Claudia, cofundadora de la empresa, relata que fue en ese momento cuando empezó a despegar la marca Del Origen. De hecho, sus deditos congelados integrales fueron los primeros con estas características en el país que empezaron a ser comercializados. “Justo en ese momento los mercados saludables” empezaron a transformarse, “no solo vendían el producto, sino también experiencias”.

El espíritu emprendedor, heredado de su familia, las llevó a tomar decisiones trascendentales que incluían dejar sus trabajos convencionales y empezar de cero con su propia empresa que poco a poco fue creciendo, a pesar de las dudas y comentarios negativos a su alrededor. 

Frases como: “Ustedes no se pueden dedicar a esto, tienen que conseguir empleos formales”, o “deben buscar un trabajo de verdad”, eran las que escuchaban las hermanas constantemente de su padre, ante el temor que él tenía de verlas fracasar, pues, a diferencia de la actualidad, en 2015 emprender era un reto que pocos se atrevían a correr. 

“Hoy por hoy podemos decir que contamos con el respaldo al 100% de nuestros padres. Un papá nunca te quiere ver fracasar y por lo general tenían el concepto de que el emprendimiento era igual a fracaso”, cuenta Cristina. 
Empezaron solas, de cero y a la distancia, mientras Cristina regresaba del todo a Colombia a trabajar en la empresa, pues en ese momento vivía y laboraba en Estados Unidos. Una vez juntas se pusieron el overol en toda la cadena productiva de su negocio, incluso hasta entregar domicilios por toda la ciudad. 

“Íbamos por toda Barranquilla con el carro lleno de deditos congelados y con los vidrios abajo porque el aire no servía”, recuerdan entre risas las hermanas.

El nombre de la marca viene de sus raíces. Claudia y Cristina vienen de una familia ganadera que siempre ha trabajado en el campo. Por eso, con Del Origen, querían destacar ese lugar en el que crecieron y del que obtienen todos los alimentos que hacen posible la creación de sus productos como la yuca, el queso, la leche, las verduras y las frutas, entre otros. 

 

Íbamos por toda Barranquilla con el carro lleno de deditos congelados y con los vidrios abajo porque el aire no servía.

Las ventas en el interior del país crecieron

En 2017 y por medio de Camilo García, conocido como ‘El Camus‘, sus productos empezaron a venderse en Bogotá. Claudia recuerda que todos los costeños que conocían de sus congelados comenzaron a pedirlos para degustarlos desde la fría capital. De acuerdo con Cristina, ese fue el primer acercamiento que tuvieron con el interior del país. 

“Mandábamos los productos por avión, era trasnochar para empacar y enviar porque el vuelo salía a las 2:00 a.m. y luego coordinar para que los recibieran y repartieran en tiempo récord, porque el producto estaba sin frío. Fue de las mejores experiencias y recuerdos porque fueron nuestros primeros logros”. 

Sus ventas estaban creciendo y las hermanas seguían arriesgándose por sus sueños, una a la distancia pues Cristina aún trabajaba desde Estados Unidos. En ese momento contaban con cinco empleados. Por eso, al ver que la cocina de su casa les había quedado pequeña, arrendaron su primer centro de producción con mucho más espacio y libertad para preparar y despachar sus productos. 

“Nos mudamos pensando que íbamos a tener una larga vida en ese lugar y a los seis meses nuevamente no teníamos cómo seguir creciendo, ya no cabían las personas”.  Agregan las hermanas que empezaron en la búsqueda de un nuevo lugar, pues eran 23 personas trabajando en un reducido espacio.

Actualmente cuentan con un centro de producción mucho más grande en el que trabajan de la mano con sus empleados a quienes consideran miembros de su familia. La mayoría del tiempo están en su empresa, recalcan que es como su casa.

Claudia es ingeniera y diseñadora industrial. Cristina es administradora de empresas y comunicadora con énfasis en relaciones públicas y comunicación organizacional. Orlando Amador

Una marca incluyente 

En su hogar crecieron con varias restricciones alimentarias por temas de salud. Cristina era alérgica y Claudia tenía sobrepeso y creían que también era pre diabética. Y aunque sus padres lo hacían para cuidar su salud, ellas, cuando nadie las veía, disfrutaban del sabor de los dulces que luego les pasaban factura. 

“Cuando has vivido diferentes etapas de tu vida que vienen acompañadas de alguna sombra por tu cuerpo, por tu tipo de alimentación o por intolerancia, se crean frustraciones y se vienen otros procesos psicológicos más fuertes”, asegura Claudia. Explica que esto las motivó a trabajar con alimentos que todo el que los probara se deleitara con su sabor y sin temores. 

“Eso ha hecho que nosotros como familia tomemos nuestra posición en el gremio de alimentos con responsabilidad porque desde diferentes puntos de vista entendemos lo importante que es respetar, entender y ser incluyentes con las variedades de alimentación”.

Añade Cristina que más allá de la tendencia de alimentarse de manera saludable que hay en el planeta, ellas ven más allá de la coyuntura y desean que ese concepto se convierta en “un estilo de vida”. 

Han pasado cinco años desde que las hermanas empezaron con este emprendimiento y aseguran que una de las razones principales sigue intacta: “trabajar en familia”, pues así se criaron y así lo han hecho a lo largo de sus vidas. Claudia y Cristina resaltan que todos, desde sus áreas de responsabilidad, aportan en las decisiones importantes del rumbo de una empresa que se volvió un negocio familiar gracias a su persistencia. 

“Para nosotros era muy difícil crear algo y no pensarlo juntos, pues entendimos que todo es en familia y trabajamos así desde que viajábamos a las ferias ganaderas con nuestros papás”.

Claudia también admite lo complejo que es trabajar en equipo con su propia sangre, las opiniones contrarias a veces generan diferencias, sin embargo, la dedicación, el amor y la comprensión terminan imponiéndose alrededor ‘Del Origen’.

Proyecciones

A mediados de abril inaugurarán el punto físico que quedará en El Gran Malecón y el que Cristina define como el “punto insignia” de la marca. Además, entre sus objetivos se encuentran posicionar la marca en Estados Unidos y crear nuevos productos. 

Actualmente sus alimentos se encuentran en congeladores de varias de las grandes cadenas del país como Éxito, Carulla y Olímpica. Su marca se puede encontrar en 42 ciudades del país, y a nivel internacional en Panamá.

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