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"Lo raro es absolutamente positivo”: Brigitte Baptiste

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El Dominical

Para la bióloga transgénero, directora del Instituto Alexander von Humboldt, no hay nada más ‹queer› que la naturaleza misma. Entrevista.

Por Valentina Arroyo M.

Brigitte Baptiste es la directora del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, una de las grandes eminencias de la lucha por la biodiversidad en Colombia. Brigitte, antes conocida como Luis Guillermo, es en sí misma una representación de diversidad: tiene la voz gruesa y masculina, la espalda ancha, los senos operados, usa vestidos con estampados de rana y tiene una colección de más de 20 pelucas de todos los colores. Es transgénero y es una de las primeras colombianas en tener una cédula con cambio de sexo. 

Su trabajo la hace viajar y conocer los rincones más bellos y alejados del mundo. Un día está en Bogotá (Colombia) y otro en Brasilia (Brasil). Un día tiene el cabello rubio con las puntas verdes y al otro de un rojo intenso o de un rosa pálido, colores que no siempre pudo mostrar, pues su deseo de jugar con pelucas y ponerse faldas fue algo que mantuvo en el clóset hasta que cumplió 35 años. Ahora tiene 55.

 «Realmente yo creo que supe esconderme cuando tenía que esconderme y pelear cuando tenía que pelear. Cuando niña hice lo que pude, pero el mundo no estaba listo para nada distinto», considera Brigitte, quien ya ha dejado de ocultarse. Por eso dice que no tiene otra mejor definición de mujer que poder reconocerse como lo que desde niña quiso ser: Brigitte.

 «Como soy bióloga, entiendo que la evolución se produce siempre a través de la variedad y de la diferenciación constante de la expresión sexual (…) Si queremos respetar la naturaleza debemos entender que esa condición de lo raro es absolutamente positiva», dice Brigitte.

P. ¿Qué significado le da al término ‹queer›, que resulta tan amplio?

R.

‹Queer› significa raro. Es una invención de hace poco que hace referencia a lo diferente en términos de identidad de género. Viene de los estudios culturales para nombrar todas las variantes de la expresión de género en las nuevas culturas.

P. ¿Qué entiende por ser hombre o mujer?, ¿acaso hay algo biológico en eso?

R.

La verdad, a estas alturas creo que es una invención cultural que tiene una historia biológica cada vez menos importante y que retiene algunas condiciones que siguen siendo relevantes en algunos temas de salud, de cuidados distintos para los distintos cuerpos; pero realmente creo que ya no hay una diferencia determinante entre hombre y mujer. Lo que definamos como hombre o mujer, si es que se sigue requiriendo, va a tener que llenarse de contenido simbólico mucho más fuerte de lo que nunca tuvo en la historia de la humanidad.

P. ¿Cómo entender que la naturaleza sea lo más de diversa, pero que una de las principales ideas para rechazar la diversidad de género y sexual sea, paradójicamente, que «eso no es natural»?

R.

Cuando a la gente le conviene que algo sea natural entonces dice que lo natural es bueno, y cuando no le conviene dice que es malo. Esa es la evidencia de que los seres humanos construimos la naturaleza a nuestro criterio y definimos su condición moral a nuestro acomodo, por eso mismo nada que sea definido natural o artificial es bueno o malo, todo depende del contexto de esa definición y de la motivación de intereses. Como soy bióloga, entiendo que la evolución se produce siempre a través de la variedad y de la diferenciación constante de la expresión sexual. Eso hace que los humanos sean precisamente la fuente de adaptación entre las demás especies de la tierra, y hay que hacer énfasis entonces que tanto los animales como plantas tienen unas expresiones de sexualidad y de identidad tremendamente heterogéneas y que lo raro es una eventual fuente de innovación a través de la selección natural, y entonces si queremos respetar la naturaleza debemos entender que esa condición de lo raro es absolutamente positiva.

P. Sobre su infancia, ¿qué cosas reflejaban su deseo de feminidad y cómo las asumió?

R.

De pequeñita me gustaba mucho compartir con otras niñas, me gustaba jugar a sus juegos, me parecía que eran menos violentas, menos amenazantes, menos competitivas, me sentía más tranquila y más alegre. No creo que uno con 4 o 10 años tenga conciencia de la feminidad o masculinidad adulta, nosotros nos imaginamos de pequeñitas lo que significa ser hombre o ser mujer cuando grande por cosas muy sencillas: la moda, la voz y el cabello largo o corto, que son muy accidentales en la mayoría de los casos. Es cuando uno va creciendo que va eligiendo y se va dando cuenta de qué cosas realmente le gustan y con que se siente identificada. No es que tú a los 6 años ya quieras ser Brigitte Bardot, eso viene con el tiempo. A mí me gustaba jugar a las muñecas, obviamente, pero también me gustaba el fútbol. Creo que lo que más me gustaba era jugar con gente, pero claramente entre niños si tú eres mala jugando fútbol no te dejan jugar, entonces me decían: «no, las niñas no juegan con nosotros». Y yo decía «pero ¿por qué?». Quizás yo era mala futbolista porque era niña o era niña porque era mala futbolista y ahí comenzaba un problema muy grande.

P. Si usted pudiera regresar a su niña del pasado, ¿qué cosa le diría?

R.

¡Ay, Dios mío! No sé, porque si yo le dijera a mi niña del pasado «anímate a mostrarte como quieres y como eres», me volverían a cascar. Realmente yo creo que supe esconderme cuando tuve que esconderme, pelear cuando tenía que pelear. Sería difícil porque creo que hice todo lo que podría haber hecho y el mundo no estaba listo para ninguna otra cosa distinta.

P. ¿Ahora mismo se siente satisfecha con su cuerpo?, ¿cómo es su relación con él?

R.

Me siento mucho más tranquila porque como te decía, entre los 10-11 años y casi hasta los 30 no me reconocía a mí misma, era una situación de mucha frustración porque lamentablemente mi cuerpo no correspondía a lo que yo deseaba mínimamente. A los 17, al igual que la mayoría, quería ser modelo, reina de belleza o una gran diva. (...) Y yo estaba en el cuerpo equivocado. Es tal vez como cuando tú eres muy bajita y quieres ser más alta y te sientes mal por ser bajita, pero eso llevado a la n potencia, porque no solo es que seas bajita o que tengas unas características definidas, sino que realmente el género en el que vives tu cuerpo no corresponde a lo que sientes y eso, al interactuar con el mundo, es terriblemente restrictivo. La identidad de género es algo que tiene mucho que ver con las relaciones con los demás, vivir como mujer en la sociedad es algo que se hace de forma muy explícita, de manera estéticamente muy marcada, pero también encarnada de una manera muy especial. El reconocimiento de los demás hacia mí como Brigitte no se daba porque nadie me reconocía. Brigitte era invisible, se miraba al espejo y no se encontraba, se miraba ante los demás y tampoco se encontraba, eso generaba un problema de existencia muy complicado.

P. Se mira al espejo y ¿cómo se ve?, ¿cómo se siente?

R.

Gordita, con ganas de hacer dieta (risas), peleo con mi cabello todos los días, pero me divierto mucho también con mi cuerpo. Estoy mucho más tranquila porque me puedo expresar como Brigitte y en femenino, independientemente de donde esté. Viajo por el mundo, me encuentro con quien me encuentro, y todos me reconocen como Brigitte y esa posibilidad es un tema realmente importante. Podría haber sido otra Brigitte, pero la que soy es la que he venido construyendo, la que ha venido experimentado muchas cosas con su atuendo, con su manera de expresarse, con su manera de moverse y ese reconocimiento como Brigitte es mi definición de mujer. Para mi ser mujer es ser Brigitte, no podía extender más la definición.

P. La lucha del colectivo LGTBIQ muestra tantos matices que la misma lucha ha terminado por ser muchas luchas. ¿Cómo lo ve usted?

R.

Sí, tienes toda la razón. De hecho cada una de estas es incomparable con las otras, porque yo en mi condición femenina me considero muy mujer y estoy con mi mujer, entonces somos lesbianas, pero al mismo tiempo soy trans, entonces soy T y soy Q. Una buena proporción del LGBTIQ la puedo asumir porque también soy inter por mi condición anatómica actual. Vivo ambos mundos, sin ahondar en detalles, y lo que sucede es que ahí, en ese LGBTIQ, nos encontramos todas las personas cuyas identidades cuestionan la normativa, cuestionan el patrón, y seguramente surgirán más perspectivas con el tiempo. Cada quien ve si decide escoger y si no quiere escoger, no escoger, porque lo que uno creería es que van desaparecer todas esas etiquetas innecesarias que nos hacen daño, más que ayudar a darle paso a una humanidad que se reconoce ampliamente heterogénea, donde todas y todos podamos identificarnos como queramos, el género es solamente una cualidad para disfrutar de la colectividad.

P. ¿Para qué le ha servido a la comunidad LGBTIQ el feminismo? ¿Usted se considera feminista?

R.

Muy muy muy feminista. Yo creo que la discusión iniciada por las mujeres en los años 60 es exactamente la misma que nos permite existir a las personas, por lo menos a los trans, tener ciertos derechos y libertad. Es una lucha para traer luz a la mujer que estaba oculta, invisible a través de la historia. Les sucedía lo mismo que a mí en mi infancia, no tenía reconocimiento, no podía existir. Ese mensaje o esa lectura de la feminidad en la historia fue muy importante para mí porque entendí además que yo no quería convertirme en una mujer del pasado, no iba a reafirmarme en aras de una posición sumisa, una mujer atada a las reglas de la sociedad patriarcal. Yo era una mujer como las mujeres se estaban definiendo a sí mismas. Alguien me decía que en el pasado ser trans básicamente implicaba conseguir marido. Si un hombre quería ser identificado como mujer tenía que hacerse pasar por homosexual y conseguir marido para que por ese gesto se convirtiera en mujer. Piensen ustedes cómo en las relaciones homosexuales entre hombres en el pasado siempre se creía que una de las dos personas era la mujer. Por alguna razón se replicaba el modelo de relacionamiento y sometimiento de lo femenino a lo masculino. Nada más fácil como lo han demostrado las mismas personas y parejas gays, donde no se replica este modelo. Hemos demostrado que las personas somos mujeres sin necesidad de hombres. 

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