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Germán Vargas, Álvaro Cepeda y Gabriel García Márquez a fines de los años sesenta.
Germán Vargas, Álvaro Cepeda y Gabriel García Márquez a fines de los años sesenta.

Crónica

El Dominical | García Márquez, autor de una obra que hará ruido

En 1967, Germán Vargas Cantillo se anticipaba al eco que generaría ‹Cien Años de Soledad›, novela cumbre de la literatura hispanoamericana y universal, que apenas se alistaba para llenar las librerías. Reproducimos su texto de forma íntegra. 

En 1967, Germán Vargas Cantillo se anticipaba al eco que generaría ‹Cien Años de Soledad›, novela cumbre de la literatura hispanoamericana y universal, que apenas se alistaba para llenar las librerías. Reproducimos su texto de forma íntegra. 

Gabriel García Márquez, a los 40 años, está corrigiendo las pruebas de una novela de 490 páginas, que este año dará mucho que hablar. Hay razones suficientes para creer que Cien años de soledad –tal es el título–, será la mejor novela colombiana escrita en el último cuarto de siglo y, desde luego, la mejor del autor.

Es el quinto de sus libros y la cuarta de sus novelas. Antes ha publicado: La hojarasca (Bogotá, 1955; Lima, 1962; Montevideo, 1965), El coronel no tiene quien le escriba (Bogotá, 1959; Medellín, 1961; México, 1963 y 1966),  La mala hora (Madrid, 1962; México, 1966) y Los funerales de la Mamá Grande (México, 1962). Todos esos libros están contratados por la Editorial Sudamericana de Buenos Aires, para ediciones de bolsillo y el primero, los cuentos de Los funerales, aparecerá en julio de 1982. Casi todos han salido ya, o están próximos a salir, en ediciones francesas, inglesas, italianas, alemanes, holandesas y romanas. Inicialmente, la Editorial Sudamericana contrató la nueva novela de García Márquez para una edición de 10.000 ejemplares, con base en la lectura de los tres primeros capítulos. Hace un mes, al leer las pruebas de toda la obra, los directores de la editorial argentina decidieron doblar el tiraje. Esperan vender la primera edición en el curso del año. Mario Vargas Llosa, el excelente novelista peruano de La ciudad y los perros y La casa verde, la recomendó a los editores franceses y norteamericanos de sus libros, diciendo que «es lo mejor que se ha escrito en muchos años en la lengua castellana». En francés, Cien años de soledad será publicada en Les éditions du Seuil y en Estados Unidos se están disputando la traducción y edición en inglés dos importantes editoriales: Harper & Row y Coward McCann, que hacen de la oferta de 10.000 dólares, la más alta que una casa editorial haya pagado hoy por la primera edición de un libro colombiano.

UN PERSONAJE: ARACATACA

Cien años de soledad es la culminación y la conclusión definitiva del ciclo de Macondo y significa el tránsito hacia nuevos temas y nuevos personajes. Macondo, el pueblo costeño de sol abrumador y calor inaguantable y de amplias calles arenosas, es la Aracataca natal del autor, un poblado magdalenense que, vivió mejores épocas en los años del auge del cultivo y exportación del banano. En Aracataca, como en Ciénaga y otras poblaciones de la Zona Bananera, fueron muchas las noches en que se bailó la cumbia la luz de los billetes de cien pesos –en vez de espermas– encendidos por los bailadores. García Márquez, al transformar a Aracataca en Macondo, ha hecho algo similar a lo que hizo William Faulkner al dar el nombre de Jefferson a su ciudad de Oxford.

En Cien años de soledad García Márquez no se atiene solamente a los hechos reales, sucedidos históricamente, y en los cuales participan los personajes por él creados, tales como las guerras civiles, la llegada, establecimiento, esplendor y retirada final de la United Fruit Company, la represión y masacre por la huelga de las Bananeras en 1928, sino que introduce por primera vez en su creación elementos fantásticos y así, en ella, las alfombras vuelan, los muertos resucitan, hay lluvias de flores y, al morir, Remedios la Bella sube directamente al cielo, a la vista de las gentes y sin que el hecho resulte increíble para el lector. Cien años de soledad comenzará a circular en toda América Latina en mayo próximo y según anuncia su autor, el libro incluirá una genealogía y una tabla cronológica para distinguir los personajes «porque los Buendía tenían la costumbre de poner a sus hijos los mismos nombres de los padres y, a veces, todo se vuelve confuso». En los cien años de la historia, hay cuatro José Arcadio Buendía y tres Aureliano Buendía. García Márquez agrega: «Este es tal vez el menos misterioso de mis libros, porque el autor trata de llevar al lector de la mano para que no se pierda en ningún momento ni quede ningún punto oscuro. Aquí están dadas casi todas las claves. Se conoce el origen y el fin de los personajes, y la historia completa de Macondo».

GUERRAS CIVILES

Arcadio amaba los pájaros y llenó con ellos el pueblo. Tenía inclinación muy marcada hacia las ciencias y los inventos y a ello –y a su demencia– contribuyó en no escasa medida la alterable amistad que le unió a Melquiades, un gitano visionario que a la cabeza de su tribu llegaba periódicamente a su mundo, llevando verdaderas ideas como el telescopio, un mapa viejo de mar, una lupa para corregir los rayos solares, unas alfombras voladoras. José Arcadio llega un día a un pavoroso descubrimiento: la redondez del mundo. Y llega a él con los sextantes, los astrolabios y las brújulas que le han cedido su amigo Melquiades. Ya definitivamente loco, José Arcadio muere, sobrepasando los 100 años, delirando en latín y discutiendo de teología con el cura.

El otro personaje principal, el coronel Aureliano Buendía, es figura destacada en los demás libros de García Márquez y en Cien años de soledad alcanza una dimensión y un peso y un tamaño de persona viva, realmente extraordinarios. Este es «el miembro más importante de la segunda generación, que hizo 32 guerras civiles y las perdió todas». A lo largo de su vida de aventuras, el coronel Aureliano engendró 17 hijos naturales que fueron asesinados todos, casi simultáneamente y en distintos lugares, por los enemigos políticos de su padre. Aureliano, que a lo largo de la novela y de su vida realiza verdaderas proezas inútiles y escapa milagrosamente del pelotón de fusilamiento, muere orinando orgullosamente en el patio de su casa.

Cien años de soledad no es solamente la azarosa biografía del coronel Aureliano Buendía, sino la historia de toda su familia, desde la fundación de Macondo, hasta que el último de los Buendía se suicida 100 años después y acaba la estirpe.

 

EL RASCACIELOS

En realidad, esa novela es la primera que Gabriel García Márquez comenzó escribir cuando tenía 17 años, con el título de La casa y que abandonó hace años, por parecerle que el célebre mamotreto de entonces «era un paquete demasiado grande para mí». De la novela original se desprendieron, como cuerpos con vida independiente, personajes y hechos que conformaron sus otros libros, como La hojarasca, El coronel no tiene quien le escriba, La mala hora y algunos de los cuentos de Los funerales de la Mamá Grande. Y es así como en Cien años de soledad reaparecen personajes y ambientes y referencias a sus deseos que ya estaban en sus obras anteriores. 

García Márquez trabajó duramente en La casa en sus primeros años en Barranquilla, hacia comienzos de la década del 50. Vestido con un pantalón de dacrón y una camiseta de rayas, con colorines, García Márquez, encaramado sobre una mesa en la redacción de EL HERALDO o sentado sobre su cama de madera en un cartucho de El Rascacielos, un extraño burdel de cuatro pisos, sin ascensor. En el diario barranquillero escribía a diario una columna –La Jirafa–, que le era pagada todas las tardes en forma tan exigua que apenas y le alcanzaba para medio comer y cancelar el alquiler de la pieza – y algo más– en El Rascacielos. En este, el cuarto en que dormía, quedaba en el último piso y era frecuente que se convirtiera en el sitio de tertulia de las prostitutas y de sus chulos, que se encantaban conversando y pidiendo consejos al juvenil inquilino que llegaba después de medianoche o en la madrugada y leía extraños libros de William Faulkner y de Virginia Woolf, y a quien iban a buscar, en carros oficiales de último modelo, amigos que a ellas les parecían demasiado distinguidos para el ambiente del burdel pobretón. Ellas nunca supieron quién era ni que hacía el, para ellas, extraño compañero de alojamiento. Pero la verdad es que le tenían mucha simpatía y un cierto respeto y, a veces, lo convidaban a compartir la sencilla comida que ellas mismas preparaban y a que les hiciera oír canciones vallenatas tocadas por él en una dulzaina.

Después de muchos años de abandono del proyecto, el año pasado García Márquez se enfrentó de nuevo al tema que frecuentemente le volvía a la cabeza, cada vez más claro y más completo. Aquella novela de adolescencia, que era como la matriz de su obra publicada, se fue haciendo cada vez más insistente.

Un día –refiere él– por la carretera entre Ciudad de México y Acapulco, se dio cuenta de que la tenía tan madura que hubiera podido dictarle allí mismo el primer capítulo, palabra por palabra, a una mecanógrafa. Hizo su plan de trabajo y en 18 meses, a razón de ocho horas diarias, escribió 1.300 cuartillas, revisó lo escrito y dejó en definitiva poco menos de 500 páginas. Fue una decisión tremenda, ya que García Márquez tenía muchos trabajos de otro género, a plazo fijo y muy poco dinero para encerrarse exclusivamente a escribir la novela. Sin embargo, tenía que escribirla y la escribió, porque le resultaba imposible concentrarse en ninguna otra cosa. Le dijo a Mercedes, su mujer: «tú verás que haces con la casa». Dice no saber todavía qué hizo pero cuando terminó de escribir estaba debiendo más dinero –dice– «del que me puede producir la novela en diez años de ediciones sucesivas». Y concluye: «se necesita una enorme irresponsabilidad para ser escritor».

BARRANQUILLA EN MACONDO

En buena parte, Cien años de soledad, García Márquez incorpora personas reales y hechos sucedidos en Barranquilla en el ambiente de Macondo que se está consumiendo ya en oleadas de sopor y aniquilamiento. Y es así como el librero catalán (don Ramón Vinyes),  Álvaro (Cepeda), y Alfonso (Fuenmayor), y Germán (Vargas) y el mismo Gabriel (García Márquez), conviven con los personajes de la novela y son amigos, los únicos, del último Aureliano Buendía que termina suicidándose para cumplir su trágico destino. Y episodios ocurridos en el otrora famoso y ya desaparecido burdel de la Negra Eufemia, así como hechos de la vida de esta legendaria matrona, son trasladados a Macondo, mezclados con sucesos imaginados por Gabriel García Márquez.

Y hay frecuentes reminiscencias de muchos casos ocurridos en Barranquilla, al comienzo de los años 50, cuando en torno a la mesa de don Ramón Vinyes, gran escritor catalán, en el café Colombia, se reunían los entonces jóvenes barranquilleros, entre ellos García Márquez, a discutir en voz alta sobre todos los temas inimaginables, antes del escándalo que los vocales usados y los asuntos tratados producía de los demás parroquianos.

Ahora, García Márquez trabaja en El otoño del patriarca, el largo monólogo de un dictador latinoamericano que será posiblemente fusilado al amanecer, a los 123 años de edad. También está escribiendo una serie de cuentos homogéneos para publicarlos en un libro que todavía no tiene título.  En general son cuentos latinoamericanos en Europa.

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