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La realidad de estudiantes durante clases virtuales en Riohacha

El error de conexión que viven los jóvenes de las instituciones públicas en el municipio.

Ahí se encontraba otra vez Yicela Palacin preguntándose qué podía empeñar. Cualquiera creería que ella empeñaría un objeto de valor para gastarse la plata en un capricho. Pero no era así. Yicela buscaba algo distinto: recargar 6.000 pesos a su celular y comprar un plan de datos, para que su hija Marolin, de seis años, pudiera conectarse a su clase virtual. Y sí, esa era la única forma que tenía. A eso la llevó su amor de madre.

Son las 2:30 de la tarde, Isabel Ávila, junto con su hija Natasha, camina 5 cuadras para llegar a la casa de su prima. Al estar ahí, le pone el uniforme a su hija  mientras espera unos cuantos minutos por la vecina, quien le prestará su celular para que  se conecte a la clase. A las 3:30 de la tarde Natasha ingresa a clase. Ora con su profesora, escucha las canciones, realiza las actividades lúdicas, se despide de sus compañeros y se desconecta de clase a las 5:30 p.m exactamente. Así es la rutina de Natasha los lunes, miércoles y viernes de cada semana.

Estas fueron algunas historias que se presentaron a lo largo del 2020 en las familias de los estudiantes de los 18 colegios públicos de Riohacha, La Guajira. Desde el inicio de la emergencia sanitaria declarada el 11 de marzo de dicho año por la Organización Mundial de la Salud debido al Covid-19, lo que en algún momento fue presencial, las clases, las citas médicas, los eventos y la vida social, quedó limitado a la virtualidad.

El coronavirus acabó con las clases en los salones y las trasladó a plataformas digitales como Zoom, Skype o Google Meet. Por ende, para poder cumplir con los deberes académicos era necesario contar con un celular o una computadora de escritorio o portátil, además de un buen wifi o plan de datos. Pero dentro de los colegios públicos del municipio de Riohacha son muchos los estudiantes que no cuentan con ninguno de los dispositivos y servicios mencionados anteriormente.

Por esa razón, muchos padres de familia se las ingeniaron para buscar soluciones y evitar que sus hijos faltaran a clases. Madres como Yicela Palacín e Isabel Ávila hicieron lo posible e imposible para recargar un paquete de datos, aunque al final no alcanzaba. “A veces me toca empeñar cosas.

En otras oportunidades me ha tocado pedir fiada una recarga de 6.000 al señor de la tienda para que mi hija se conecte, pero esos datos no alcanzan. Varias veces se me ha cortado la videollamada porque se acaban los datos”, confesó Palacín.

Situaciones como estas sucedieron durante el año y la institución es consciente de esto, incluidos los profesores. Jairo Jimenez, coordinador del Instituto Educativo Almirante Padilla, resaltó que el principal problema para dictar sus clases hoy en día se debe al problema de conectividad, debido a que muchos de los estudiantes pertenecen al estrato 1 y 2 de la ciudad, incluso, algunos viven en zonas rurales aledañas a Riohacha.

Sólo 19 de los 32 estudiantes lograron conectarse a las clases virtuales de Ana Clara Díaz, profesora de primaria en la Institución Educativa María Doraliza López de Mejia. Confesó que, con el tiempo, la asistencia disminuyó. Los padres no tenían como conectarlos porque no contaban con el dinero suficiente para hacer una recarga y mucho menos pagar un servicio de internet. “Los padres me piden disculpas constantemente porque sus hijos se desconectan repentinamente de las clases, puesto que se les acababan sus datos. Ellos me decían que hacían un gran esfuerzo para comprar un paquete de datos, y un plan de datos para dos clases en la mañana, más o menos de dos horas, dos horas y media, no les alcanzaba”,dijo Díaz.

Pero esa es solo una parte de la historia. Los deberes académicos no solo se limitaron a las clases virtuales, sino que también se debían entregar las tareas asignadas por los profesores. Para eso, la plataforma que se utilizó fue WhatsApp. Por ende, los padres de familia no solo debieron pensar en recargar para que sus hijos se conectaran a clase, sino que además debían calcular en que los datos alcanzaran para poder enviar las actividades asignadas. “Cuando recargo debo pensar en que rindan los datos. Pero a veces no me alcanzan y es difícil enviarle las tareas de mi hija a la seño”, comentó Yicela.

Al ver la situación y los problemas con la conectividad, la profesora Ana Díaz contó que muchos padres le dijeron que era mejor que les enviara las tareas por WhatsApp porque no tenían cómo conectar al niño tres veces a la semana durante dos horas, debido a que no les alcanzaba el plan de datos. “Ante esa circunstancia, ya nosotros no podemos hacer absolutamente nada, bueno, por lo menos uno como maestro se siente muy impotente ante esa situación porque no tiene el control de eso”, sentenció la profesora. 

Nevis Bermúdez, docente de preescolar de la Institución Educativa María Doraliza López de Mejía, comentó que trató de entender la situación y, así mismo, fue flexible con las entregas.  “Las condiciones para ellos son limitadas. Varios padres solo pueden acceder al WhatsApp y enviarte las evidencias de las tareas”, expresó Bermúdez.

Ante esta situación, es indispensable preguntar: ¿Qué hacen las instituciones para ayudarlos? ¿Qué apoyo han recibido los colegios por parte de la Secretaría de Educación para garantizar la conectividad de los estudiantes? ¿Cómo garantiza la secretaría de educación la conectividad de los estudiantes para las clases virtuales?

Adalina Gómez, docente de la Institución Educativa María Doraliza, comentó que al inicio de las clases virtuales el Ministerio de las Tic, junto a Tigo, desarrolló un proyecto en donde regalaron varias sim card a los padres de familia de la institución. “Al inicio se regalaron unos chips de Tigo a los padres, para que pudieran conectarse a clase. Pero la sim card solo contaba con una pequeña recarga, que quizás, a duras penas, alcanzaba para una sola conexión”, dijo Gómez. Y efectivamente fue así. La docente expresó que “muchos padres le dijeron que el chip que les regaló Tigo no sirvió porque los datos sólo les alcanzó para la mitad de una clase”.

Por otro lado, un proyecto del Ministerio de Educación reveló que en La Guajira, como parte del programa Hogares Conectados, 1.988 hogares de estratos 1 y 2, en el municipio de Riohacha han sido conectados a internet. Todo esto por unas tarifas mensuales entre 8.613 y 19.074 pesos. Pero a pesar de dicha cifra, es muy difícil saber cuántos niños y jóvenes se han beneficiado de este programa.

A pesar de estas cifras, la realidad fue otra durante el año. Pues, algunas familias de dichos estratos no cuentan con un ‘smartphone’ o computador para poder disfrutar de los beneficios del proyecto Centro Digitales.

Cabe resaltar, que ante estos datos, intentamos contactar con la Secretaría de Educación de Riohacha, pero no se obtuvo respuesta alguna.

Por su parte, Jairo Jimenez, coordinador del Almirante Padilla, reconoció que la ayuda por parte de la Secretaría de Educación, frente al problema de conectividad que enfrentan los niños y jóvenes de su colegio, ha sido poca o nula. “Desde un principio, la estrategia que planteó el Ministerio de

Educación fue entregar todo en físico. Entonces, creo que los entes territoriales se dediquen a ese tema puesto que mejoraría el desarrollo de las actividades en esta época de pandemia”, dijo Jimenez.

Sin embargo, a pesar de todas las quejas y problemas, tanto padres como colegios están pensando en el 2021, debido a que el 2020 terminará en algunas semanas. Por tal razón, desde el Ministerio de Educación se prevé el regreso a clases con sus respectivos protocolos de bioseguridad. “Para el año 2021, se tiene pensado implementar clases presenciales con cierta alternancia. Todo esto con el objetivo de que varios chicos que no tienen una buena conectividad, puedan seguir el ritmo de clase sin ningún problema. Mientras, aquellos que pueden seguir las clases virtualmente, podrán hacerlo desde las plataformas Google Meet y Google Classroom”, expresó Jimenez.

De igual forma, Marta Romero, directora del colegio privado, Gimnasio El Buen Consejo, comentó que “desde el Ministerio de Educación nos pidieron, tanto a los colegios públicos como privados, un Plan de Bioseguridad muy detallado, que se tendrá en cuenta para el regreso de los estudiantes a las instalaciones de la institución en el año 2021”.

Es importante resaltar que la estrategia planteada por el coordinador del Almirante Padilla y la directora del Gimnasio El Buen Consejo, son unas de las estrategias que muchos colegios públicos de la ciudad implementará de cara al 2021. De hecho, Isabel Ávila aseguró que su hija seguirá asistiendo a clases el próximo año a pesar de las circunstancias y aclara que es “porque le toca y no hay de otra”.

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