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Una pareja comprometida, una semana previa a la boda y una confesión que desordena todo. Esa es la premisa de El drama, la nueva producción de A24 dirigida por Kristoffer Borgli que, más que apoyarse en la fórmula de la comedia romántica, la utiliza como punto de partida para construir algo totalmente distinto.

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La historia sigue a Charlie Thompson y Emma Harwood, interpretados por Robert Pattinson y Zendaya. Él, curador de museo británico asentado en Boston; ella, editora literaria con un pasado que no encaja del todo en la imagen de perfección que su pareja ha construido. Se conocen, se enamoran rápido y avanzan hacia el matrimonio con la seguridad de quien cree tener todo bajo control. Hasta que una noche, durante un juego aparentemente inofensivo, Emma revela algo que cambia la dinámica por completo.

“No puedes volver a meter al genio en la botella”, dice Pattinson sobre ese momento clave. “De repente todo ha cambiado”. Esa frase condensa el espíritu de la película, la imposibilidad de desoír lo que ya fue dicho.

Intimidad frágil

Borgli, que venía de explorar la incomodidad social en Sick of Myself y Dream Scenario, se aleja aquí de la sátira más evidente para centrarse en la fragilidad de la intimidad. “En tus relaciones más cercanas, deberías poder compartirlo todo, desde lo que realmente sientes hasta quién eres”, explica el director. Pero inmediatamente tensiona esa idea: ¿qué pasa cuando esa transparencia deja de ser deseable?

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Zendaya explica que “en El drama, Charlie y Emma tienen que decidir si vale la pena todo el drama que viene con enamorarse, establecerse y casarse”.

La actriz insiste en que la película no gira únicamente alrededor de la confesión en sí, sino de sus consecuencias. “Lo que sucede después se convierte en la prueba definitiva de amor y aceptación en una relación”.

Charlie, en cambio, representa otra forma de fragilidad: la necesidad de sostener una imagen. “Le importa si los demás creen que es una buena persona”, añade la actriz.

Cortesía A24

Esa tensión entre lo que somos, lo que mostramos y lo que ocultamos atraviesa toda la narración. Borgli la define como una negociación constante entre emoción y lógica. “El amor puede sentirse innegable y desestabilizador al mismo tiempo”, afirma. En ese sentido, El drama no busca respuestas claras, sino incomodar al espectador con preguntas que no tienen una resolución única.

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Pattinson, por su parte, destaca la forma en que Borgli construye esa incomodidad. “Hay algo placentero en que te quiten el piso mientras ves su trabajo. Sabes que algo viene, pero no sabes desde dónde”. Esa sensación de inestabilidad es constante y deliberada.

Más allá de su estructura, El drama propone una discusión sobre los límites del conocimiento dentro de una relación. Cuánto queremos saber del otro. Cuánto estamos dispuestos a perdonar. Y, sobre todo, si el amor puede sostenerse cuando la imagen ideal se rompe.

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