El Heraldo
Opinión

La librería humana

Su libro, su historia, su portada, el final de los prejuicios, la libertad, la hermosa “librería humana.”

El hecho es que vivimos en un mundo lleno de prejuicios, que tire la primera piedra quien no lo haya hecho, o quien no haya sido foco del mismo. Somos prejuiciosos y eso nos ha llevado a elaborar conjeturas apresuradas y muchas veces erradas con respecto a una situación y, lo más grave, a una persona, alguien que, como cada uno de nosotros, tiene derecho a ser, con todo lo que ello significa.

Cada quien sabe cuánto llueve en su interior, y aunque en algunos parezca poco y en otros parezca mucho la realidad solo aparece en el espejo interior en la medida que estemos preparados para verlo, para aceptarlo y en consecuencia asumir que muchas veces no podemos reparar solos todas las goteras que nuestros techos traen consigo. Cuando damos ese paso, logramos empezar a caminar fuera del prejuicio, despreciando el extremo, omitiendo el ajeno y sublimando el propio.

“Desempleado”, “refugiado”, “bipolar”, tres títulos cargados de honestidad y valentía con los que algunos visitantes entran en la Librería Humana, una bella iniciativa que nació en Dinamarca y hoy se lleva a cabo en más de 50 países. Su objetivo: combatir el prejuicio.

Los espacios son librerías donde sus visitantes en lugar de tomar un libro escuchan durante 30 minutos la historia de vida de alguien que lleva en sus manos un cartel que expone con dignidad suprema su realidad y la ha incorporado como diagnóstico a su vida. El reto: entender que no somos nadie para juzgar a otro. Al escuchar la historia de alguien, aprendemos que no debemos “juzgar un libro por su portada.”

Siempre hay luz, siempre hay un camino, siempre una posibilidad de soltar, de crecer, de avanzar, de aprender, de trascender, de liberar, de ser puente y vehículo, de ser beneficiario, sanador y sanado.

¿Cuánto podemos transformar con iniciativas como esta?

¡No hay límite!

Si una parte del mundo pretende subsistir en medio de la soberbia y la arrogancia que impulsa al prejuicio permanente o la poca grata egolatría que pontifica el carecer de dolores humanos y resguarda entre sus soles y trofeos trasnochados, sus demonios y sus miedos alterados, otra puede edificar un presente más sano, más humano y liberado, más integro, más profundo y completo. Ejemplos como este dan ganas de vivir más días, son manifiesto de templanza y generosidad, son un tanque de oxígeno supremo y lo mejor de todo, proviene de seres vivos, eso sí, despiertos y conscientes, que creen en un mejor espacio vital.

Después de sumergirme en la idea y de compartirla respetuosamente con ustedes, me he ido a caminar y he observado a los otros caminantes; he visto escrito en su campo y en su piel otros títulos y he pensado cuánto les aliviaría y, cuanto me aliviaría, ponerlo en práctica. Lo he hecho y ha sido superlativo, aun lo decanto y lo escribo en mis notas más íntimas, espero con su bendición, poder compartirlo pronto y al hacerlo, poder también inspirarlos. Su libro, su historia, su portada, el final de los prejuicios, la libertad, la hermosa “librería humana.”

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