La obstinación de este gobierno ha llevado a Colombia a una ola de violencia imparable, que solo tendrá solución cuando el presidente tenga el valor de pedir perdón por sus alocuciones y tome las determinaciones necesarias para transformar a la Policía Nacional de pies a cabeza. Hay una escuela de adoctrinamiento institucional que ha llevado a miembros de la Policía, a políticos y al presidente a creer que el statu quo de las instituciones es superior a los derechos humanos. Esta doctrina debe acabar a la mayor brevedad, porque ha llevado al homicidio generalizado y sistemático de la población civil, a la impunidad y a la desesperanza de una sociedad reprimida por la fuerza pública.
El asesinato de Javier Ordóñez es un crimen que hace parte de un sistema que ha acabado con la vida de cientos de personas y ha sometido a los civiles a todo tipo de desmanes en detrimento de sus derechos. Todo lo anterior se ha gestado por un Estado que lejos de condenar estos hechos, no ejerce los controles que debe, no condena estos crímenes judicialmente y aplaude públicamente la “gallardía” de la Policía Nacional. En un país donde la alcaldesa de la capital tiene que convocar un cacerolazo porque el presidente se rehúsa a tener en cuenta sus peticiones existe una clara democracia disfuncional.
Ahora, el presidente y su partido el Centro Democrático, han salido abiertamente a condenar los daños generados a los bienes públicos, condenándolos con vehemencia y ordenando a las instituciones que adelanten las investigaciones contra los responsables de estos hechos. Lo inverosímil de estas órdenes está en la forma en cómo el gobierno mide la gravedad de los hechos, dándole mayor peso a lo material que a la vida.
Los colombianos tenemos por presidente a una persona que ha decidido ignorar al país, que le da la espalda a la dignidad humana y que prefiere escuchar a sus malos consejeros que a quienes verdaderamente representan al país. Ante la negativa del gobierno de escuchar a los manifestantes, a las víctimas y sus familiares, hay muchas personas que han defendido la idea que la violencia es la solución y que los cambios se producen mediante el uso de la fuerza. La actitud del gobierno no solo es equivocada sino peligrosa, porque está generando la terrible idea de que la violencia es el único camino para lograr los cambios. Colombia tiene una historia interminable de violencia creada para contrarrestar la opresión; este no puede ser el camino y el gobierno debe adoptar una postura de apertura ante las peticiones de la sociedad.
@tatidangond








