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Ejemplo histórico

En esta patria desteñida por el peor mal, la corrupción, hemos olvidado el significado del conflicto de interés que debe empapar al servidor del estado. La ética pública no es otra cosa que la transparencia en el actuar y este tipo de situaciones se pueden evitar si se ejerce con la firmeza que da la delicadeza de la coherencia.

El 6 de junio de 1980, antes de finalizar su periodo como 22 Gobernador de Córdoba, Alfonso De La Espriella Espinosa, envió una comunicación oficial para que sus declaraciones de renta se hicieran públicas.

El ministro de Gobierno de la época, German Zea Hernández, elogió este acto de delicadeza.

Este ejemplo de hace 41 años necesitamos que en Sucre y Córdoba se repita y permanezca. Cuando veamos la declaración de renta, antes y después del periodo que los ciudadanos desempeñen la función pública, hemos iniciado el perdido control social de la gestión desempeñada. La fibra moral de los funcionarios electos es confianza para su región.

No es sano mientras se ejerce un puesto público y, menos de elección popular, hacer negocios particulares. No critico las actividades comerciales privadas, pero no tienen presentación si se realizan estando en un cargo de elección. La declaración de renta de quien decida la política como oficio, debe mostrarse cuando se posesiona en el cargo y cuando entrega el despacho. Además, hacerlas públicas da un dogmático ejemplo.

En esta patria desteñida por el peor mal, la corrupción, hemos olvidado el significado del conflicto de interés que debe empapar al servidor del estado. La ética pública no es otra cosa que la transparencia en el actuar y este tipo de situaciones se pueden evitar si se ejerce con la firmeza que da la delicadeza de la coherencia.

“La mujer del Cesar no debe serlo sino parecerlo”, es el refrán heredado desde los romanos y que utilizó Julio Cesar para separarse de Pompeya. Por convicción, el servidor público debe vestirse de una rectitud moral para que la confianza de sus gobernados no sufra la mínima ofensa. Los cotilleos, las murmuraciones y sus exageraciones lesionan su imagen pública y hacen zancadillas a su gestión.

Desinfla cuando vemos publicaciones que hablan de incremento patrimonial o nombres de los servidores públicos activos en escándalos o investigaciones de corrupción que además del robo ilícito, han pisoteado los derechos fundamentales como la educación y la salud. El emblemático Pepe Mujica afirmaba: “al que le guste mucho la plata hay que meterlo en la industria o en el comercio no en la política.”

Pero en nuestro país, naufragó por el salvavidas de los valores morales desinflado, ha interpretado que la forma rápida de enriquecerse está en los cargos públicos. El estado como el botín de las oportunidades y de los negocios. El mundo al revés: el vértigo engañoso de tener conduce a la miopía del futuro de los servidores públicos que los lleva al deshonor y ojalá, sin impunidad o condenas selectivas, a la cárcel. La ética no se enseña o escribe, no está en los libros o en los videos. Su embriología está en la familia.

Para el servidor público, quien debe ser el docente o -más bien- el docente, tiene en el ejemplo el mejor pedagogo. Colombia, patas pa arriba, no lo ha comprendido. Altos dignatarios como ministros y gobernadores, deberían ser los paradigmas del comportamiento transparente.

Diptongo: Ayer respondí sobre preferencia electoral: no me interesa el partido o el género. Me resbala si es de MIT o del CESA. De Planeta Rica o Fredonia. Lo único que exijo es que sea honesto. Esté es el piso del liderazgo moral que Colombia necesita.

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