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Política

Una nueva Policía urgente

Institucionalmente la Policía Nacional ha sido objeto de los ataques de la guerra en la que se encuentra funcionalmente. 

Injustamente o no, lo cierto es que para una parte de la población colombiana, la Policía Nacional de Colombia es asesina, arbitraria y corrupta. Tal apreciación para algunos es cierta, irrefutable e histórica, así son vistos con dolor nuestros policías, aunque para otros los uniformados son realmente unos héroes dignos de poner como modelo a seguir a futuras generaciones. Duele, duele mucho, pero es cierto, así son vistos de lado y lado los policías, en un tema que no escapa la polarización que vivimos hace lustros.

También es cierto que la Policía Nacional como las fuerzas militares, está integrada por hombres y mujeres, de clase baja, media y en su gran mayoría, por quienes vieron en ella una solución a las necesidades básicas del ser humano, pues en Colombia no hay oportunidades laborales diferentes de las que ofrece el Estado como principal empleador.

Muy pocas personas de los estratos sociales 4, 5 y 6, ingresan a las fuerzas militares, cuando lo hacen optan por la carrera de oficiales, costosa por demás, dejándose la formación de suboficiales y nivel ejecutivo, para los jóvenes mas desprovistos de medios de subsistencia.

Lo digo, pues no he visto todavía un hijo de las clases privilegiadas aspirando a ser policía, o a quienes se autocalifican como “familias de bien” incentivando a sus hijos para ingresar a la Fuerza Pública.

Todo lo contrario ni siquiera desean o permiten que sus hijos presten el servicio militar, compran libretas militares, pagando lo que sea necesario, con tal que los suyos no presten el servicio a la patria. Sin embargo, hablan de la guerra en los cocteles y clubes sociales, pero de aquella que libran los más pendejos.

Entonces, la Policía Nacional en Colombia, equivocadamente la convirtieron a costa de la necesidad de supervivencia social y como consecuencia de falta de oportunidades, en un lugar común de supervivencia y no en una augusta institución en donde se ingresa con una verdadera vocación de servicio.

Institución hoy día denigrada para algunos injustamente con una doble moral, no precisamente por el pueblo sino por las clases más poderosas, que supuestamente la defiende pero que en realidad la empuja a usar las armas en contra de sus propios congéneres.

Institucionalmente la Policía Nacional ha sido objeto de los ataques de la guerra en la que se encuentra funcionalmente. Es que, guerra es guerra, para eso se les formó en un momento en el que era necesario, para combatir al enemigo del Estado, deslegitimando su verdadera vocación civilista no bélica, como en el mundo lo es la policía, entendida como un cuerpo de hombres y mujeres,  civil no castrense.

La coyuntura obliga a abrir un debate sano, profundo, respetuoso e interesante en torno a la restructuración de la Policía Nacional, que requiere mucha altura, de esa que se perdió por el maniqueísmo, la doble moral, la manipulación y por no llamar a las cosas por su nombre.

Considero respetuosamente se debe iniciar por preguntarnos en nuestra intimidad, tratando de utilizar ese pensamiento independiente y crítico, que se nos ha castrado o mejor han fallado en su intento, resolviendo el siguiente auto cuestionamiento:

¿Nos volvieron a la guerra o no hemos salido de ella? ¿La guerra genera privilegios solo para quienes viven de ella? ¿Siento que mi vida familiar socioeconómicamente ha mejorado en los últimos años? ¿El actual gobierno representa mis necesidades familiares? ¿Me siento seguro y bien resguardado en el ejercicio de mis libertades y derechos por la Policía Nacional? Cuando se me acerca un policía qué siento: A.- Percibo una persona educada, preparada académica y éticamente para defender mis derechos. B.- Percibo una persona que hará todo lo posible para que le de dinero. C.- Percibo una persona que se muestra como un ser humano como yo, razón suficiente para no ver en él un delincuente y no tenerle miedo. D.- Percibo una persona que me genera confianza. Y, E.- Percibo la agresividad, intimidación y peligrosidad, que otras personas me han contado y he visto en los medios de comunicación y redes sociales.

Indistintamente de sus respuestas al anterior cuestionamiento, de las eventuales respuestas de los policías que lean esta columna y de las propias opiniones mías, los graves  hechos sucedidos en la semana anterior son demostrativos por si solos que debe haber una Reestructuración de la Policía Nacional, así se haría como respuesta en cualquier democracia del planeta.

Se le haría un mal terrible a la Policía Nacional de Colombia siguiendo como si nada hubiera pasado. Yo creo que los policías no son asesinos, pero en la institución si hay asesinos; todos los policías no son platilleros, pero hay policías corruptos; no todos los policías maltratan al ciudadano pero si hay policías abusadores; muchos policías han dado la vida por los colombianos, pero muchos ciudadanos han muerto a manos de la policía; no todo el que tiene mando policial maltrata al subalterno, pero hay un mando que se complace en maltratar al subalterno; hay policías que jamás utilizarían su arma de dotación para matar a mansalva al ciudadano desarmado, pero hay policías que lo hacen.

Otra pregunta pertinente entonces seria: ¿estos comportamientos son solo de unas “Manzanas Podridas”? Cualquiera sea su respuesta, la coyuntura es tan grave que debemos entender que una reestructuración en la Policía Nacional, no significa de manera alguna que no se quiera dicha institución, que se pretenda acabarla, que su cambio obedezca a tal o cual circunstancia, o a un determinado deseo político nacional o geopolítico, no nos equivoquemos hay un problema evidente que hay que superar.

Que un policía mate a una persona con sevicia no es normal, que un policía le entregue un arma a un civil para que dispare indiscriminadamente en su presencia a la multitud que protesta no es normal, que un policía golpee a un anciano, a una mujer embarazada o a un niño de brazos, no es normal así sea el peor delincuente, en fin.

Insisto nuestros policías no son asesinos, pero están educados para la guerra, no para tratar adecuadamente los problemas de convivencia  de la sociedad civil. Se les forma para combatir e eliminar con las armas al enemigo, pero no se les educa para utilizar las armas adecuadamente sin exceso contra la población civil.  La educación y la incorporación son los ejes centrales de la reestructuración que la sociedad colombiana reclama de su Policía Nacional. Se debe incluir el buen trato que debe dar el mando al subalterno, el cual también es pésimo. El control disciplinario debe estar en la Procuraduría General de la Nación y el  penal debe estar en cabeza de la Jurisdicción ordinaria y  la Fiscalía General de la Nación para investigar delitos.

La policía debe ser cada vez mas civilista y menos militarista. También mejor paga, después de su reestructuración. Se requiere una nueva policía en Colombia. ¡Urgente!

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