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Pablo Milanés

Es curioso que, a pesar de esa y varias otras desmarcadas, su imagen siga tan ligada al régimen cubano y que incluso hoy, luego de su lamentable fallecimiento, los líderes la de izquierda encuentren motivos para sumarlo a la causa de sus reivindicaciones políticas. Curioso, como dije, pero comprensible: ciertamente Milanés produjo algunas de las canciones de protesta más memorables del canon.

Pablo Milanés, uno de los más representativos cantautores cubanos de los últimos tiempos, falleció en Madrid durante la madrugada del pasado 22 de noviembre. Llevaba varios años viviendo en la capital española, siguiendo un tratamiento contra la enfermedad que terminó por vencerlo y será allí donde probablemente encuentre su morada final. Tenía 79 años. Los medios, los músicos y uno que otro político hispanoamericano, se han explayado en elogios. No podía ser de otra forma. 

Como muchos otros jóvenes nacidos en la segunda mitad del siglo veinte, Milanés fue un entusiasta de la revolución cubana, o, mejor dicho, de las actitudes revolucionarias que tanto enardecieron al mundo. Esa preferencia influenció notablemente sus primeras aventuras musicales, quizá las más recordadas, de tal forma que desde muy temprano su obra se identificó como afín al gobierno de Fidel Castro y a las ideas de la izquierda. Junto a Silvio Rodríguez, otro grande, lideró el movimiento que a principios de los años setenta se denominó como Nueva Trova cubana que arrasó, y todavía encuentra algo de eco, entre las juventudes latinoamericanas. Sucesos tan escabrosos como el violento golpe de estado chileno en 1973 marcaron su línea creativa durante esos años iniciales, constituyéndose así en una imagen simbólica que perduraría hasta hoy.

Con el paso del tiempo Milanés fue cambiando de opinión, decepcionado por el mal rumbo que tomaron aquellos ideales vanguardistas. Su desolación puede resumirse en una frase que declaró al diario El País de España en el 2015: “estoy defraudado por unos dirigentes [los de Cuba] que prometieron un mañana mejor, con felicidad, con libertades y con una prosperidad que nunca llegó en 50 años”. Es curioso que, a pesar de esa y varias otras desmarcadas, su imagen siga tan ligada al régimen cubano y que incluso hoy, luego de su lamentable fallecimiento, los líderes la de izquierda encuentren motivos para sumarlo a la causa de sus reivindicaciones políticas. Curioso, como dije, pero comprensible: ciertamente Milanés produjo algunas de las canciones de protesta más memorables del canon.

Sin embargo, desde hace rato juzgo irrelevante encasillar a algún artista dentro de una corriente de pensamiento. Creo que la música, la literatura y la pintura, aunque en ocasiones entregan mensajes muy potentes, se pueden apreciar plenamente sin que eso signifique una militancia política. Además, los artistas suelen cambiar de opinión, como Milanés, Sabina, Rubén Blades, Roger Waters y tantos otros, que nacen en un extremo, o se complacen en la indiferencia, para después ir moderando sus pregones y modificando sus intereses. Normal, el ser humano será siempre un proyecto en construcción en el que se valen las transformaciones.

Pablo Milanés era un músico excepcional. Su capacidad no se limitaba a lo vernáculo y exploró diferentes géneros, tanto, que uno de sus últimos trabajos compiló una entretenida relación de estándares de jazz clásico en inglés. Poco interesan sus preferencias políticas, que sea de un lado o del otro, que haya cambiado de parecer o no. Lo importante es que produjo un repertorio magnífico que nos acompañará por mucho tiempo. Paz en su tumba.

moreno.slagter@yahoo.com

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