¿Quieres recibir notificaciones?
Si
No
INGRESAR Explora tu perfil

Amigo lector,

Haz disfrutado 5 de 10 contenidos gratuitos.

Nuestro deseo es que continues informandote y disfrutando de todo nuestro contenido, por eso te invitamos a iniciar sesión ó crea tu cuenta gratis en nuestro portal.

SUSCRÍBETE
Opinión

La reina

 Una figura monárquica bien llevada tiene mucho que ofrecer.

El pasado domingo 5 de abril la monarca británica, Isabel II, se dirigió al Reino Unido mediante un breve discurso. Aunque su mensaje del día de navidad es ya una tradición, en sus 68 años de reinado es apenas la quinta vez que la reina hace una intervención de este tipo, lo que subraya la condición excepcional del momento que estamos atravesando. Fueron unas palabras muy sencillas y cargadas de optimismo, apelando a la fortaleza y a la unión que le ha permitido a esa nación superar terribles adversidades en el pasado. De manera sensata no recurrió directamente al fácil recuerdo de los triunfos de la Segunda Guerra ni al espíritu del blitz, prefiriendo dejar de lado referencias a combates y heroísmos de batalla para concentrarse en el valor de los esfuerzos colectivos. Fue, ante todo, un discurso reconfortante.

Para muchas personas, probablemente la mayoría, la figura de la reina resulta anacrónica e incluso dañina. Desde que en Francia decidieron pasar por la guillotina a todo aquel que oliera a realeza –y después a todos lo demás, los franceses no fueron mesurados en su uso–, se ha consolidado la idea de la monarquía como contraria a la libertad. El rey se juzga como el opresor definitivo, no elegido por nadie y dueño de unos privilegios que abruman, casi siempre representados al lado de un pueblo que sufre profundas carencias. Aunque las monarquías constitucionales, especialmente las europeas, han superado ese imaginario déspota y conviven con sociedades verdaderamente funcionales, entre nosotros persiste la resistencia a las figuras reales, se mantiene su caricaturización como parásitos y vividores, recipientes de una inmerecida vida de lujos desmedidos que se entienden ajenos a la modernidad.

Sin embargo, considero que en momentos como este, de aflicción generalizada y de confusión mayor, una figura monárquica bien llevada tiene mucho que ofrecer. La reina no tiene nada que perder y tampoco tiene nada que ganar. No depende del favor de los electores porque no lo necesita, de modo que se puede presumir siempre de sus buenas intenciones. Nadie puede señalarla de cumplir con una agenda oculta, o de ingeniar maquinaciones conspirativas. Lo que hace y dice respeta valiosas tradiciones, mantiene la moral a flote y no se compromete con colores políticos. En estos tiempos de necias polarizaciones, poder contar con un liderazgo que esté libre de tales lastres es encomiable. Hasta el primer ministro le debe pedir audiencias y acudir a su llamado; un recordatorio de humildad que le vendría muy bien a más de un presidente electo, especialmente al de cierto país del norte.

Ahora, como antes, la reina está ahí con su gente, para bien o para mal, defendiendo su territorio y sus intereses. Me parece que es un valioso asidero, al menos para sus súbditos, un faro en medio de la tormenta que no todos nos podemos dar el lujo de tener.

moreno.slagter@yahoo.com

Columna de opinión - Columnista - opinión -

Más Columnas de Opinión

Lucero Martínez

Patriarcalismo y estado

Un orden endeble que la enfermedad mundial develó, propiciando la caída cultural más estruendosa en toda la historia de la humanidad, la que será narrada por los siglos de los siglos.

Somos el producto de la invención política, soc

Leer
Fernando Giraldo

Vergüenza y desencanto

No es así en el caso del exministro Arias, por tratarse de algo debidamente juzgado. Vía tutela se concedió una nueva instancia; mientras millones de casos son ignorados o quedan invisibles. No todos reciben las mismas oportunidades. Es la Colo

Leer
Kelina Puche

Nueva política social

El programa de Ingreso Solidario, liderado por el Departamento Nacional de Planeación, y dirigido principalmente a un grupo poblacional, quizás no pobre en su totalidad, pero sí ampliamente vulnerable, que en buena medida depende de la economí

Leer
Daniela Cepeda Tarud

Paciente 31

Un mes después de la identificación de la primera persona infectada con coronavirus, dicho país había conseguido contener su expansión, con solo 30 personas infectadas. Sin embargo, la paciente número 31, a pesar de tener síntomas, continu

Leer
Ver más Columnas de Opinión
La sesión ha sido cerrada con exíto
Por favor, complete su información de registro aquí
DETECTAMOS QUE TIENES UN BLOQUEADOR DE ANUNCIOS ACTIVADO
La publicidad nos ayuda a generar un contenido de alta calidad
No quiero apoyar el contenido de calidad
X
COMO REPORTAR A WASAPEA
1) Agrega a tu celular el número de Wasapea a EL HERALDO: +57 310 438 3838
2) Envía tus reportes, denuncias y opiniones a través de textos, fotografías y videos. Recuerda grabar y fotografiar los hechos horizontalmente.
3) EL HERALDO se encargará de hacer seguimiento a la información para luego publicarla en nuestros sitio web.
4) Recuerda que puedes enviarnos un video selfie relatándonos la situación.
Ya soy suscriptor web