“A mí me tocó quebrarme el lomo con los italianos para poder ponerme la camiseta de la Selección Colombia”. Estas fueron palabras expresadas por Faustino Asprilla al ser consultado sobre el microciclo de entrenamientos programado por el técnico Reinaldo Rueda con jugadores de la Liga colombiana la próxima semana.
Es obvio el desacuerdo del exfutbolista con la citación, cuyo argumento central lleva intrínsico un auto reconocimiento al esfuerzo personal, a mi juicio innecesario, porque no hay ninguna duda en el país futbolero del talento de Asprilla y su merecido y destacado rol en la Selección.
Es cierto que vestir la camiseta de la Selección Colombia debe ser una meta que se debe alcanzar por capacidad, rendimiento, disciplina y compromiso, pero la convocatoria a participar por espacio de tres o cuatro días de unos entrenamientos no significa ser un jugador de la Selección. Aquí lo único que existe es un primer paso de un plan del nuevo entrenador, que consiste en acumular una mejor información de los jugadores del fútbol local, observar sus comportamientos dentro y fuera del campo, agregarle datos al conocimiento que se tiene de ellos a la distancia por los partidos, por alguna información de los técnicos de los equipos o por su recorrido profesional. Es una prueba, es una suerte de llamado a dejar la hoja de vida pero sin ninguna certeza de ocupar el cargo.
Lo malo de un microciclo no es que se haga, sino que se haga una sola vez. La utilidad de esos ensayos es la continuidad. Y el mejor resultado no es que sea visto como un precoz e inmerecido premio, sino que el técnico pueda descubrir al menos un jugador con talento y talante de Selección. Así, cuando por alguna razón, conociendo los imponderables que cohabitan con estas extensas eliminatorias, tenga que recurrir a un futbolista local, este no sienta el llamado tan cargado de incertidumbre, que su sistema nervioso no se altere demasiado, que ya sepa cómo es el técnico, qué piensa y qué pide.
En la lista para este primer microciclo (que, insisto, si solo es este, de poco y nada servirá) se leen nombres de jugadores más formados, algunos otros proyectos alentadores y todos en desventaja competitiva con los habituales de la Selección por el menor nivel de la Liga colombiana. Por lo tanto, tendrán que mostrarle a Reinaldo Rueda una versión sobresaliente de sus aptitudes y actitudes. Una que al técnico le haga creer que al incorporarlo con el grupo base se desarrollará y aumentará su valor.








