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Opinión

Planes de desarrollo

Por esta época, siguiendo nuestro ordenamiento constitucional y jurídico, las administraciones municipales y departamentales se ven obligadas a elaborar planes de desarrollo. Es una tradición que viene desde mediados del siglo XX, donde se consignó una visión del estado interventor que está obligado a “promover el desarrollo”, hoy consignado en la Ley Orgánica de Planeación de 1994.  Alcaldes, gobernadores y secretarios de planeación, corren a conformar los consejos territoriales de planeación y organizan consultas o reuniones por municipios o localidades, para recoger puntos de vista ciudadanos.  El esfuerzo es loable y a veces dispendioso. Sin embargo, a pesar de estas consultas, es claro que el plan de desarrollo debe recoger la voluntad programática del alcalde o gobernador que ganó las elecciones, es decir, debe concretar sus propuestas en lineamientos, planes y programas. Por ello, no es cierto que se va donde la gente a recoger lo que ella quiere, pues eso ya se definió en el proceso electoral, bien o mal. La gente en realidad “no hace” el plan de desarrollo, no parte de cero, sino que se expresa frente a las propuestas de la administración. Si estas consultas se hiciesen también con ONGs informadas de los temas, el esfuerzo seria de pronto más útil, frente a cada uno de los problemas, los cuales a veces demandan conocimientos más complejos.

En este proceso, estas reuniones no se deben ver como “rendiciones de cuentas” de la administración anterior, sobre todo si vienen de una misma alianza política como el caso de Barranquilla. Ello lleva a volver las reuniones contestarías y defensivas frente a las observaciones que se hacen desde la sociedad civil y a veces organizaciones del estado, que conocen mejor los problemas, como fue el caso de la reunión sobre seguridad ciudadana, área donde la ciudad sigue emproblemada.

Otro problema son los Consejos Territoriales de Planeación (CTP), los cuales se vuelven algo formal y ceremonial a los que no se les presta la debida atención. A veces se forman con amigos de la administración, o con gente que realmente le gusta figurar o no va a las reuniones, recayendo el trabajo en quienes asumen esa responsabilidad. Participé en los dos últimos CTPs de Barranquilla, y siempre quedábamos un reducido grupo de miembros elaborando nuestro concepto. Nunca hubo apoyo logístico del Distrito, y personas particulares del CTP resolvieron el tema de sitio, computadores, etc.   Cuando el concepto se remitía a la Alcaldía, una vez logrado el sello de recibido, me dio la impresión que las recomendaciones  fueron ignoradas, fueron un saludo a la bandera, y con los concejos distritales subyugados a la administración, la discusión de estos planes de desarrollo fueron realmente pobres. No sobra decir que labores de seguimiento al Plan fueron logísticamente imposibles, dado que el Distrito nunca mostró interés en esto, limitándose a las rendiciones de cuentas con comité de aplausos y cero discusión.  Uno quisiera que la discusión de los planes de desarrollo en concejos y asambleas fueran realmente importantes. En el caso de Barranquilla, sería bueno que se discutiera a fondo la propuesta de construir una Barranquilla bonita, hermosa para el visitante y los ciudadanos de  altos estratos, versus la ciudad insegura y excluida de los sectores populares. Sería bueno discutir cómo construir una ciudad incluyente que no se deje deslumbrar por la dialéctica del concreto e insista más en lo social y ambiental.

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