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Opinión

Plegarias por La Guajira

Que sigan las plegarias por una tierra que no se rinde, que se escribe en femenino, femenino sinónimo de resiliencia.

Hace unos años vi una película titulada Plegarias para Bobby. Dejó muchas reflexiones en mí, especialmente la necesidad de ser menos prejuiciosa y respetar las diferencias sin asumir indiferencias, no hay que ser indiferente ante situaciones fuertes y que requieren la empatía social y las voluntades políticas para que se puedan transformar.

Ahora las plegarias son por La Guajira, se han hecho en canciones vallenatas, poemas, obras literarias, plantones, manifiestos y huelgas de hambre; en la actualidad jóvenes guajiros, mujeres, hombres, indígenas y afros están en huelga de hambre en el parque Simón Bolívar en Riohacha, su lema es “Hasta que la dignidad se vuelva costumbre”. El concepto de dignidad es fundamental como punto de partida hacia acciones transformadoras, incluyentes y reivindicadoras, que retornen el rumbo de un territorio rico en recursos naturales, historias y cultura, pero que lamentablemente vive en miseria, vulneración de derechos y realidades adversas que superan la ficción.

Por ello, celebro las manifestaciones políticas, sociales o culturales que determinen una protesta contundente hacia la búsqueda del bien común de un territorio como La Guajira, al cual toda plegaria reivindicadora le viene bien, es momento de reconocer las dificultades del común aún desde nuestros privilegios, es el derecho a vivir dignamente lo que debe ser cotidiano, no las desigualdades sociales, las muertes por desnutrición, la corrupción o la normalización de cualquier delito que vulnere los derechos de la ciudadanía.

De este modo, también es importante hacer honor a la Constitución Política, en la cual se reconoce a Colombia como un país diverso, pluriétnico y biodiverso, esto nos debe llevar como Estado y sociedad a relacionarnos desde las libertades y los derechos. La Guajira merece y necesita una intervención contextualizada.

La huelga de hambre de los y las jóvenes en Riohacha representa la plegaria de las mayorías; plegarias por una Guajira digna en la cual los derechos no sean privilegio de pocos, sino una realidad sin restricciones por causa de etnia, estatus social o político. Se hacen urgentes acciones con enfoque diferencial (intergeneracional, género y étnico) que provoquen una cotidianidad digna, con garantía de derechos y apta para la vida humana, esto último puede leerse exagerado, pero hay comunidades en La Guajira que no cuentan con el mínimo vital como derecho fundamental.

Es momento del despertar social y que mejor opción que desde el liderazgo juvenil con enfoque diferencial, indígenas, afros, mujeres, hombres y todas las diversidades de identidades y roles que puedan existir, al fin y al cabo, como afirmó Jaime Garzón: Si ustedes los jóvenes no asumen la dirección de su propio país, nadie va a venir a salvarlo. ¡Nadie!”.

Que sigan las plegarias por una tierra que no se rinde, que se escribe en femenino, femenino sinónimo de resiliencia, que se reinventa con las nuevas generaciones, con el poder de la pluriculturalidad de un territorio que se moviliza entre la ancestralidad y la contemporaneidad. Mi plegaria especial (entre muchas por hacer) por La Guajira es que se reescriba su historia política con un presente “descorruptizado”, es decir el poder para servir y no para enriquecerse, sí se puede.

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