En la playa, amigos míos, cuando conocieron a mi nueva novia, vestida con un traje de baño de dos piezas, me dijeron que era despampanante. ¿Despampanante? U. De la Rosa Ll., B/quilla
Un automóvil nuevo o una persona, en particular una mujer, pueden ser despampanantes. El primero podría serlo por su línea futurista y sus lujos manifiestos y la segunda porque su bella estampa perturba. ‘Despampanante’ se compone por el prefijo ‘des-’, que quiere decir ‘sin’ y por el término ‘pampanante’, que deriva de ‘pámpano’, nombre de la hoja de parra o de la vid en estado tierno. Como ‘des-’ (o ‘sin’) invierte una acción verbal (por ejemplo, desocupar, desestimar, desfavorecer…), despampanar quiere decir ‘sin los pámpanos’, esto es, ‘desnudo’. En el Antiguo Testamento se dice que Eva y Adán, arrepentidos por haber desobedecido a Dios, sintieron vergüenza de su desnudez y se cubrieron con lo primero que estaba a mano, que eran los pámpanos u hojas de parra. En consecuencia, si esas hojas hubieran llegado a caerse, Eva y Adán se habrían hallado despampanantes. Más tarde, la palabra se relacionó con lo llamativo, lo pasmoso, y nada lo es más que una hermosa mujer desnuda o escasa de ropas. Por asociación, en ese tonel de lo llamativo y lo pasmoso hoy también tienen cabida la belleza o el deslumbramiento de algo o las cualidades de alguien, en especial cuando nos deja atónitos.
¿Dónde se origina la expresión: “¡Qué … ni qué ocho cuartos!". Roberto Silvera
A veces de forma ruda, esta frase exclamativa sirve para desconocer ilusiones o realidades. Se trata de una locución enfática que se usa para manifestar la discrepancia con algo, que se rechaza o se niega porque se considera que carece de importancia. (En la Costa, una locución enfática similar es esta: “¡Qué … ni qué pan caliente!”). Si alguien propone: “Vámonos de vacaciones a Europa”, y le contestan: “¡Qué Europa ni qué ocho cuartos!”, con ello ha recibido una rotunda respuesta negativa. Aunque hay varias versiones sobre su origen, una de las más creíbles es la de que es una expresión tan antigua como las monedas de cobre que se acuñaron en España entre los siglos 15 y 18, de poco valor y denominadas ‘cuartos’, por lo que una de ellas era solo una moneda insignificante. “La Selección está en crisis”, dice alguien, y le responden: “¡Qué crisis ni que ocho cuartos!”. Con esto, el último discrepa del primero, pues, en tanto manifiesta su desacuerdo con la supuesta crisis, desdice de ella comparándola con monedas depreciadas.








