Hace cuatro meses, cuando en Colombia se decretó la cuarentena y comenzamos a descubrir una realidad nueva para todos, los mensajes de optimismo nos llenaron de fuerza mientras buscábamos reinventarnos y sacar lo mejor de la situación. A medida que el tiempo pasa, la nueva realidad se ha vuelto una rutina que agobia a muchos y a la que la mayoría no se ha adaptado. Esto sumado al temor al contagio, a la congestión hospitalaria, a la crisis económica y a la incertidumbre de un panorama aún incierto, genera estrés, ansiedad y depresión.
El COVID-19 ha afectado la salud mental de la mayoría de las personas (aproximadamente 3 de cada 4), de acuerdo con un estudio de Profamilia. Según el mismo estudio los síntomas más comunes son nerviosismo, cansancio e inquietud. Y si bien la salud mental ha sido un tema crítico durante la pandemia, es un problema que se venía agudizando con anterioridad.
Como se expone en el documento CONPES 3992 de abril del presente año, que define la Estrategia para la Promoción de la Salud Mental en Colombia (EPSMC), en los últimos veinte años la población colombiana ha presentado un deterioro de la salud mental, evidenciado en el aumento de problemas y trastornos mentales. La Encuesta Nacional de Salud Mental de 2015 reportó que más del 50% de los adolescentes y adultos presentaron por lo menos un síntoma de ansiedad y más del 70% de depresión, y la EPSMC expone que una de cada diez personas en el 2017 padeció algún tipo de trastorno mental. De acuerdo con este mismo documento, la intensificación de esta problemática se asocia con el incremento en la tasa de suicidio.
Por lo tanto, así como la reactivación económica, la salud mental debe merecer nuestra atención prioritaria como sociedad. Primero, porque se dificulta lograr la reactivación económica con la salud mental de la población deteriorada, ya que los problemas y trastornos mentales pueden ocasionar, entre otros, baja productividad laboral. Segundo, porque la salud mental está relacionada con problemáticas tales como la violencia. Tercero, porque para construir una sociedad más justa es importante no solo la creación de riqueza, sino de bienestar y felicidad y para esto la salud mental es fundamental. Richard Layard, profesor de London School of Economics, ha concluido mediante sus investigaciones que, en los países estudiados, las variaciones en la satisfacción con la vida se explican más por la salud mental que por los ingresos o el desempleo.
La EPSMC busca subsanar los rezagos en la implementación de la normatividad y de las políticas a nivel nacional y territorial impactando las tres problemáticas más relevantes. Primero, aumentando la coordinación entre los diferentes sectores relacionados con la salud mental, segundo, fortaleciendo los entornos sociales y el desarrollo de competencias socioemocionales y tercero, mejorando la atención en salud mental y la inclusión social.
Para su éxito se requiere un trabajo colectivo en el que cada uno de los estamentos de la población, como los entes territoriales, empresas e individuos, sea un agente activo en la promoción de la salud mental, entendiéndola en el marco de la ley, no como ausencia de enfermedad, sino como un estado de bienestar de cada persona para desarrollarse en los diferentes entornos, afrontar las tensiones normales de la vida y contribuir a la comunidad. Pero sobre todo como la base para el bienestar de todos los colombianos.
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