Ya escribimos hace pocos meses sobre este tema por lo preocupante que es: Al presidente Duque no lo dejan gobernar, las presiones políticas por un lado, una oposición cerrada a la razón que no entendido su posición como un enfrentamiento y no como una actitud, las órdenes y contraórdenes desde el seno del Centro Democrático, la incomprensión de los parlamentarios en su mayoría con excepciones altruistas, son entre otros motivos, los argumentos que esgrimen quienes se oponen a que un hombre de buena fe, que quiere hacer las cosas bien hechas, que ha demostrado capacidad y valentía, que tiene carácter sin necesidad de estar encendiendo incendios y que sobre todo tiene criterio para manejar un país que ya demostró le cabe en la cabeza, todo ello, pueda dedicar todos sus fuerzas a gobernar lo ingobernable, como lo denominó Carlos Lleras Restrepo cuando asumió su magistratura presidencial.

Pero en toda la mitad de este enjambre de contradicciones y ataques, de dardos que vuelan desde todos los ángulos, de injusticias que se demuestran desde su nacimiento, se encuentra ese odio visceral que domina la política del país. Un odio que nace en entrañas de un circulo muy pequeño que con un líder eternamente nostálgico de poder le ha hecho mucho daño al país, mucho daño, porque mediáticamente y su enorme influencia generadora de fanatismos absurdos ha creado una psicosis de que nada es bueno o positivo si no se resuelve a su manera y todo es malo si se escapa a su ciego y absurdo control.

Los opositores sin razón, los que llueven para caerle a un presidente bien intencionado no se han dado cuenta que los acontecimientos que sobresaltan al país en lo que va corrido de este nuevo gobierno son producto de la razón o sin ella de los otros poderes públicos y no de las decisiones presidenciales. Pero le cargan a Duque las consecuencias de decisiones del poder legislativo y del poder judicial. Así las respete y así lo diga el presidente, le encartan a él lo que no engendró. Se dirá que la oposición política en todas parten del mundo actúa de la mis manera no; un análisis de cualquier país en otros continentes nos muestra que esta es tremenda, fuerte, implacable, porque en las democracias forman esencialidad del contrapeso de los poderes públicos, pero es una oposición donde no hay odio. Es una oposición donde inclusive puede haber disgusto, fastidio personal contra un Presidente pero no hay odio con el ánimo de envenenarle su gestión, su esfuerzo y su voluntad.

Nosotros no pertenecemos al Centro Democrático políticamente hablando pero votamos por Duque para las presidenciales porque no queríamos, no queremos, que el país caiga en manos de los depredadores de la democracia, de los bandidos que antes fueron demonios y hoy presumen de arcángeles. Como nosotros hay diez millones de personas que queremos que dejen gobernar a Duque y trate de componer sin zancadillas un país que viene desgastado hace cincuenta años. Ser sucio en política y lo vemos a diario no es ser el mejor pero sobre pongamos primero la paz y el bienestar del país, su progreso, su desarrollo, la lucha contra el desempleo, la corrupción y todos nuestros defectos antes de satisfacer oníricamente nuestras ansias de figuración política