El gobierno japonés acaba de nombrar Ministro de la Soledad. Su nombre es Tetsushi Sakamoto, y asume la responsabilidad como respuesta al preocupante y creciente número de suicidios que se han presentado en el país del sol naciente durante estos tiempos difíciles de aislamiento obligatorio. Según las estadísticas oficiales citadas por el diario “El País” de España, las cifran marcan el pico más alto en la última década, con el agravante de lo que toca a la niñez y a las mujeres. Adicionalmente, cifras extraoficiales señalan en casi 5 mil el número de personas que fallecieron en completa soledad durante el 2020.
Japón se suma así al Reino Unido, donde desde 2018 se creó una Secretaría de Estado para atender el creciente malestar físico y mental de millones de personas (en su momento se calculó en 9 millones) que viven solas y con muy poco contacto social. De hecho, estudios de esos años señalaban que aproximadamente 200 mil personas, principalmente mayores, no habían sostenido una conversación con alguien en por lo menos un mes. Y todo esto, ojo, antes de la pandemia.
Se juntan entonces dos problemas sociales con consecuencias que ya vamos entendiendo como lamentables. En primer lugar, el “exilio” al que laboral y socialmente se ven obligadas muchas personas luego de cumplir una determinada edad, sin que haya mediado una preparación consciente y efectiva sobre el nuevo estadio de vida al que se llega, puede desembocar en una sensación de desasosiego y de falta de lugar en un entorno que no da cabida a ello. El vértigo de la vida diaria y de la búsqueda de esa quimera a la que llaman éxito va dejando atrás a quienes ya no pueden mantener el paso.
Lo anteriormente citado se podía entender como mayormente ligado al retiro o a la vejez. Ya no es así. El aislamiento preventivo y la paranoia que nos acompaña desde hace más de un año nos tiene hablando a íconos en una pantalla. Vivimos imaginando lo que hay más allá de la misma, y eso lo volvemos “real” cuando por ella lo vemos. Nos convencimos a la fuerza de que comunicarnos, educarnos, enamorarnos, reír, llorar, celebrar un cumpleaños y darnos el feliz año es igual sin que haya tacto. Y no. Se parece, pero no es. Toca adaptarse, pero nunca será lo mismo. Por dentro sabemos que no es así, y nos angustia.
La soledad, que ya para muchos era difícil de asumir, se volvió pandemia por la pandemia; y salir de una pandemia implica seguir con la otra. Son distintas pero igualmente letales. Lo socialmente responsable es cuidarnos en todo sentido. No dejemos que la pandemia nos quite la humanidad. En memoria de aquellos a quienes ya no podremos ver más, procuremos alivianar el yunque de quienes no pueden con la soledad.
Pd: Empieza en Estados Unidos el juicio, por supuesto televisado, contra el acusado de asesinar a George Floyd. Veremos cómo se desarrolla la cobertura mediática. Ojalá hayan aprendido a controlar el circo. La caldera está encendida aún en el supuesto faro.
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@alfredosabbagh








