“Yo lo único que quiero es que me dejen trabajar”. Me lo dijo esta semana alguien del equipo, con rabia y cansancio. No hablaba de política ni de ideologías, hablaba de lo básico: salir a ganarse la vida sin miedo, abrir un negocio sin pedir permiso, ser empleado y que te alcance para pagar las cuentas del mes. Esa frase, que parece simple, explica mucho más de lo que creemos.
No es solo frustración, es una forma de ver el país. Para quien está tratando de sostener un negocio o llegar a fin de mes, la política dejó de ser una discusión de ideas y se volvió algo lejano. El asalariado piensa en que el sueldo le alcance hasta el último día; el empresario, en que la empresa logre llegar viva a fin de mes y que no le cobren vacuna. Son angustias distintas, pero nacen del mismo dolor.
El debate sobre modelos o reformas puede sonar importante, pero queda lejos cuando lo urgente es poder abrir mañana sin miedo o llegar a fin de mes sin ahogarse. Por eso vota como vota. No porque no entienda el “bien común”, sino porque tiene un problema inmediato que resolver. La decisión se vuelve simple: ¿quién me da alguna garantía, así sea mínima, de que voy a poder trabajar?
Eso es lo que está pasando: cada vez más gente siente que ya no puede ni ganarse la vida tranquila. Ni el empleado, porque el sueldo se le va en lo básico. Ni el empresario, porque los costos no dan o lo amenazan todos los días. Ni el tendero si lo extorsionan, ni el conductor si lo atracan, ni el comerciante si una bomba estalla en su puerta.
Entonces la pregunta de fondo es ¿quién me garantiza que puedo trabajar sin miedo? Y eso se responde con resultados. Sin seguridad no hay economía que aguante, ni empresa que crezca, ni salario que alcance. El país necesita a alguien que entienda lo esencial y lo resuelva: que la seguridad no es un tema más, es el punto de partida.
Por muchos años, la gente pensó que bastaba con no meterse en política y seguir adelante. Pero cuando ganarse la vida se vuelve difícil, insuficiente o peligroso, queda claro que la política ya se metió en la vida de todos. Por eso votar no puede ser un acto de apatía: es decidir quién puede garantizar lo mínimo, que la gente recupere tranquilidad. Y por eso esta elección presidencial es tan importante: porque el presidente define la política de seguridad, marca la línea frente al crimen y tiene la responsabilidad de devolver el orden.
Al final, cuando alguien dice “yo lo único que quiero es que me dejen trabajar”, no está huyendo de la política: está pidiendo que la política haga su trabajo. Porque nadie debería salir de su casa preguntándose si salir adelante también le va a costar la paz. A la gente honrada no hay que prometerle el cielo; hay que devolverle lo básico: seguridad para vivir, tranquilidad para producir y confianza para volver a creer.
@MiguelVergaraC


