Le debemos a Herbie Hancock, como embajador de buena voluntad de la Unesco para el diálogo intercultural, haber anunciado su intención de crear un día internacional para celebrar el papel diplomático del jazz, que la Conferencia General acogió y en noviembre de 2011 proclamó el 30 de abril como el Día Internacional del Jazz como “un medio para desarrollar y aumentar los intercambios interculturales y la comprensión entre culturas con el propósito de la comprensión mutua y la tolerancia”.
Conocí el jazz desde bien temprano en Santa Marta porque los mayores iban a los muelles a comprar esa música que traían los vaporinos y que luego escuchábamos cuando la hacían sonar en sus equipos de sonido. Luego, íbamos conociendo esa sonoridad en algún programa de La Voz de Santa Marta, posteriormente en las ventas exclusivas de discos; y, más adelante, fue de mi cuenta el seguimiento de ese fenómeno sonoro que es mucho más que música y me llevó a ser escucha frecuente de esa forma de hacer música de la cual es imposible abstraerse y desear ver en vivo a estos monstruos, como me sucedió en dos ocasiones.
La primera fue cuando llegué a New Orleans y se la monté a Boris Simmonds, quien vivía allá, para que me llevara de manera urgente a Bourbon Street y poder comprobar que era cierto lo que decían, que en esas 12 cuadras hay una magia especial con ese fondo musical que brota del Preservation Hall que, más que sala de conciertos, es un santuario que ha preservado las raíces y sigue transmitiendo a nuevas generaciones. Fue un gustazo ver a esos maestros del jazz llenar la calles de notas musicales de todos los timbres y colores para crear armonías que van desde los cánticos de negros esclavos hasta jazz rock
La segunda fue en el mundial de fútbol de 1990 en Italia, un concierto en Turín de Dizzy Gillespie con la United Nation Orchestra y Tito Puente en el timbal. Dos personajes icónicos, uno del jazz, Gillespie, el de la trompeta doblada hacia arriba para sonar en el cielo; el otro, Puente, un clásico del timbal para llevar la música afrocaribe a niveles de big band orquestal. De ese momento sí tengo foto en la que aparezco con ambos después de llamar a Gillespie Mr. Trumpet Man y pedirle permiso para una foto, Tito le tradujo y accedieron a posar conmigo para una foto que tengo colgada en una de las paredes de donde vivo.
Un amigo me preguntó por dónde iniciar la audición de jazz en este día y le dije que podía empezar por escuchar a Herbie Hancock, el pianista, tecladista y compositor estadounidense que propuso la idea del día del jazz, y luego, un recorrido por el piano en el jazz.








