Las recientes encuestas no solo miden las preferencias acerca de uno u otro candidato a la presidencia de nuestro país, como regularmente son estas analizadas por los ciudadanos, aunque obviamente esta sea la finalidad de las mismas, sino que sus resultados también son susceptibles de otro tipo de lectura diferente a las políticas que las originan. En esta columna voy a desmenuzar lo que yo aprecio que también arrojan dichos resultados porque los de las últimas encuestas desnudan una realidad que no admite discusión, como lo es que la inveterada corrupción en nuestro país también supo introducir su asquerosa costumbre en varias firmas encuestadoras para alterar la realidad de las preferencias. No mencionaré cuales vendieron su alma al diablo, ni al diablo que las compró. Mis lectores lo saben muy bien. Y supone uno, que sabe de comercio, que entre más se altere la verdad es mejor la paga, así que varias están “haciendo su agosto” desde enero.

Cualquiera que consulte con Google o con las diferentes IA actuales podrá conocer cuál de las firmas encuestadoras que están midiendo hoy la tendencia en Colombia es la más reconocida mundialmente, y supone cualquiera que ese reconocimiento internacional se debe a su seriedad, mejor dicho, a su honestidad. Esa encuestadora ubica a Cepeda encabezando en primera vuelta, pero en segunda vuelta, a Abelardo De la Espriella en primer lugar ganándole por 9 puntos a Iván Cepeda, y a Paloma Valencia sacándole 7 puntos a Cepeda. Por eso espero los resultados de Atlas-Intel para conocer la verdad.

Pero las recientes encuestas, sean confiables o no, también nos muestran otras realidades diferentes a lo que se pretende con sus resultados. Nos muestran que la ignorancia en Colombia es más elevada que lo deseable, que hay más resentidos que lo que uno se imagina, que la cantidad de vagos que preferirían vivir sin trabajar es enorme, que los que desean seguir pegados a la teta del Estado son decenas de miles, y que los guerrilleros, traquetos, mafiosos, extorsionistas y malandros de toda calaña han crecido como verdolaga en playa.

Lo que sí me desubica mentalmente son aquellas personas inteligentes, cultas, honestas, exitosas, agradables, sin intereses insanos, sean estos de cualquier posición económica o social, que coinciden en sus preferencias políticas y obviamente de candidato a presidente, con los impresentables grupos antes descritos, y obviamente mucho más aquellos que están cerca de mí, situación que yo considero desconcertante, pero que es real. Por último, como un análisis de lo que he podido apreciar durante amistosas charlas con personas que apoyan la candidatura de Cepeda, es que nunca hacen planteamientos sobre lo bueno que podría hacer su candidato, y siempre ¡la culpa la tuvo Uribe!

@nicorenowitzky