Los candidatos presidenciales Iván Cepeda, Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella, Claudia López y Sergio Fajardo, dicen que pueden ganar en primera vuelta. Sin embargo, haciendo los cálculos probabilísticos, esas cifras no cuadran, pues para ganar en mayo 31 se necesitan más de 10 millones de votos que nadie los tiene. Se requiere algo viral, un tsunami electoral que el pueblo colombiano diga: ¡Ese es! Y no lo veo. En consecuencia, la Presidencia de Colombia se define en la segunda vuelta (junio 21 de 2026) con dos sillas: una ocupada por la izquierda (Iván Cepeda) y la otra, peleada entre Paloma, Abelardo, Claudia López y Sergio Fajardo).
Es probable que algunos asesores de esas campañas estén pensando en inventar algo novedoso, que no sea un atentado ficticio, como estrategia electoral macabra, pues el único que le fue bien fue a Ernesto Samper el 3 de marzo de 1989, en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, cuando recibió 13 balazos. Lo salvó su barriga y la atención eficiente de la clínica de la Caja de Previsión. Además, todos los candidatos actuales son flacos, con excepción de Juan Fernando Cristo, que ya se fue con Iván Cepeda y Paloma Valencia, que no es gorda sino caderona.
Así las cosas, el único aspirante que puede convertirse en viral sería Sergio Fajardo, con un buen trabajo de marketing político donde en un video corto se vea lanzándose de un helicóptero, en paños menores, mostrando su dotación física varonil que demuestre que tiene los pantalones para hacerle frente al problema de la inseguridad y la violencia de los grupos subversivos. Pero, si no le alcanza los votos, a quien él apoye es el nuevo Presidente de Colombia.
Vale aclarar que la conquista del voto es un acto de emoción, pues no se elige al más capaz sino al más audaz. Una campaña lúdica con una fuerte dosis de marketing político con la ayuda de la neurociencia, la inteligencia artificial, mensajes asertivos y excelente comunicación política al estilo de Alex Grijelmo.
Aquí no hay sorpresas ni milagros. Por ejemplo, si Jesucristo regresa a este país y emprende una campaña electoral para ser Alcalde de Barranquilla, con el sólo bastón de predicador no le basta para conseguir el triunfo. Debe visitar el mercado público, pasarse por la Troja y bailar salsa y champeta, comerse un totumazo en el barrio Abajo y caminar por el Paseo Bolívar, con la camiseta del Junior, saludando a todo mundo, con los gestos y el swing costeño.
Sin emociones no hay votos. Y sin contacto físico con el elector, tampoco.
@FcuelloDuarte


