Festina lente, significa en latín apresúrate despacio. Usada por el emperador Augusto como principio de gobierno del imperio romano, promovía equilibrio entre eficiencia y calma y la toma de decisiones analíticas y no impulsivas. Los romanos fomentaban avanzar con determinación, pero sin destruir los cimientos que sostenían el orden. La prisa, según Augusto, no debía destruir lo que no estuviera listo para ser reemplazado.
Europa empieza a revertir decisiones tomadas en el pasado, con más entusiasmo político que realismo energético (energy policy reversal). Por años, varios países influyentes promovieron restricciones a la exploración y producción de petróleo y gas pensando que, sin presencia de hidrocarburos, acelerarían la transición a energías limpias. La narrativa parecía consistente, no lo era, ignoró que reducir oferta local no elimina la demanda. Dinamarca, Reino Unido, Italia, Grecia y Noruega limitaron su capacidad de producir energía sin alternativas para reemplazarla. No disminuyeron las emisiones globales, pero sí aumentó su dependencia energética. Resultado: no dejaron de consumir hidrocarburos, empezaron a importarlos, a precios más altos, desde jurisdicciones con estándares ambientales más bajos y sin descarbonizar su matriz. La transición derivó, de facto, en transferencia de poder energético a terceros. Hoy, con un entorno geopolítico mucho más incierto y a pesar de que las renovables avanzan, pero distan de sustituir la firmeza del sistema, revisan sus decisiones. Con nuevas licencias, reconsideración de vetos y extensión de proyectos existentes, regresan al núcleo de la política energética europea. No abandonan el objetivo climático, pero reconocen que el ritmo de la transición fue sobreestimado pues el optimismo inicial no consultaba tiempos ni complejidad técnica y financiera. La transición energética no implica reemplazo abrupto; es la agregación de nuevas fuentes que conviven décadas con las tradicionales. Europa pasa así del idealismo al pragmatismo, al entender que desmantelar capacidad sin sustitutos debilita el sistema. La energía es una herramienta de estabilidad económica y de soberanía. Cuando esa capacidad se reduce prematuramente, no se pierde únicamente producción, sino margen de decisión. La corrección europea debe ser observada con atención desde Colombia. Mientras allá rectifican, acá se insiste en una estrategia verde, sin capacidad fiscal ni institucional para mitigar consecuencias. Asumir que la transición puede sostenerse sin la renta de los hidrocarburos, es apostar a que el sistema resistirá mientras se desmonta. Y las apuestas tienen dos caras.
No es una lucha entre fósiles y renovables. Es entre mantener capacidad de decisión o cederla. Europa vuelve a la seguridad fósil, avanzando hacia lo verde sin renunciar, ex ante, a pilares que sostienen su sistema energético. Colombia debe aprender la lección: la soberanía energética viabiliza la transición. Hay que apresurarse, pero despacio. ¡Festina Lente!
@achille1964








