Esta frase que se nos viene frecuentemente a la cabeza, la tengo de referencia para compartir con mis lectores algunos criterios necesarios para tener en cuenta, cuando empezamos a decidir sobre las personas que de alguna forma participarán como candidatos en nuestras próximas elecciones para integrar con el próximo Presidente, decidan el destino de nuestro país. Es decir, un grupo de personas decidirá los destinos de alrededor de unos 50 millones de habitantes. La frase “cada pueblo tiene lo que quiere” puede entenderse como una paradoja, al considerar aspectos como la Libertad: en teoría, no es del todo cierto que los pueblos son soberanos y pueden decidir su destino. La democracia, la organización comunitaria y la cultura son expresiones falsas o incompletas de esa libertad. Debe tener el pueblo también responsabilidad, cuando lo que se tolera o se deja pasar, se considera una forma de “querer”. Si un pueblo acepta corrupción, desigualdad o violencia, aunque no lo desee, está perdiendo sus derechos por permitir algo que después lo va a maltratar. Al lado de estas dos consideraciones están los condicionamientos: los pueblos no deciden en un vacío. Factores históricos, económicos y geopolíticos, limitan lo que realmente pueden alcanzar. Por eso, la frase se enfrenta con otra realidad, querer no siempre equivale a poder. En filosofía política, se puede discutir este dilema entre voluntad popular y estructuras de poder. Rousseau hablaba de la “voluntad general”, mientras que Marx subrayaba, cómo las condiciones materiales moldean lo que un pueblo puede aspirar a tener. Desafortunadamente, en Colombia la voluntad popular es quebrantada con la compra de votos en sus diferentes formas, las condiciones materiales desiguales que se muestran en los altos índices de pobreza. Finalmente, debemos tener en cuenta que un alto porcentaje de regiones está bajo la influencia de la violencia. Dentro de los aspectos positivos nos corresponde buscar soluciones para enfrentar los grandes problemas que enfrentamos los colombianos, que por décadas hemos vivido bajo influencias tan denigrantes como la violencia entre hermanos, las desigualdades en la atención en salud, la inseguridad, el desempleo y, la participación de la justicia. Los errores en muchas ocasiones se pueden explicar como un país enfermo que, con indiferencia ya se acostumbró, a vivir en la deshonestidad, la corrupción y la pérdida del respeto por la vida.
Podríamos empezar con la conformación de implementar un cambio o transformación para crear un ecosistema de respeto al querer colectivo con tres componentes: 1. Componente comunitario, con espacios locales de deliberación permanente y vinculante, es decir proteger y cumplir las decisiones del pueblo. 2. Componente institucional, para hacer respetar las instituciones con mecanismos legales para que, las decisiones que se tomen se traduzcan en políticas públicas. Componente tecnológico y científico, importante, como los otros dos, que nos daría las herramientas, con amplificación y participación de transparencia y aplicación de los conceptos científicos, que la política no puede cambiar.
En síntesis: la frase es poderosa porque, obliga a preguntarnos si lo que vivimos refleja realmente lo que queremos o lo que aceptamos. La diferencia entre ambas es el motor de la transformación social.
@49villanueva








