Barranquilla está habitada por numerosos “contravía”, cosa fácilmente detectable en sondeos y encuestas. Si las mayorías opinan blanco, en Barranquilla predomina la opinión de negro. O si no predomina, se pronuncia en forma abundante y destacada. Son demasiados los ejemplos. Cualquier proyecto o iniciativa que se presente, que sí, pero que mejor no; así ha sido en todo. En materia electoral, por ejemplo, saltó a la palestra el nombre de Evaristo Sourdis, importante atlanticense, se creía que aquí barrería, pero no. No hubo esa masiva votación esperada, y lo derrotaron. Perdió aquí. Esperemos que con Abelardo De la Espriella no ocurra lo mismo, pues está punteando en todas las encuestas del interior del país. Somos así. ¿Unanimidad? Impensable.
Pero surgió un nombre que nos ha puesto de acuerdo, opinión que tiene relevancia en todo el país: Alex Char es el mejor alcalde de Colombia, unánime sentir de todos, hasta de los “contravía”. Satisfizo apercibirlo a través del montón de foráneos, tanto cachacos como extranjeros que vinieron con la excusa del carnaval, cuando la verdad fue que llegaron a conocer a Barranquilla, pues por todas partes se comenta su desarrollo, su paisajismo, su empuje, su calidad como ciudad. Todos quieren conocer el Gran Malecón del Río, montarse en la Luna del Río, El Malecón de Rebolo, en fin, son muchas las obras que nos convierten en la más atractiva ciudad. Lejos aquellas épocas cuando el generalizado dicho era: “¡pilas! vaya a Barranquilla antes que se acabe, que la destruyan”.
Son muchos los artículos y columnas que se han escrito sobre su transformación, y sobre las obras de infraestructura social que impactaron transversalmente en la educación, la salud, y consecuencialmente en la economía, pero sobre todo en la gente, el despertado sentido de pertenencia y orgullo, que hasta en los niños ha penetrado, al punto que si se preguntara a los infantes de otras ciudades el nombre de su alcalde, seguro no lo sabrían. Aquí lo corean con entusiasmo, se pudo ver en carnavales, y sobre todo en su visita a los barrios, que salen emocionados a saludarlo como si Álex fuera su artista musical estrella preferido.
La gestión ha sido tan efectiva, que no hay real preocupación por su sucesión, porque lo más importante es que enseñó a pensar en grande, y quien quiera que fuese el elegido, tendrá claro que Álex nos dejó una ciudad a otro nivel y que, como en las carreras de relevos, los que reciban La Posta tendrán claro que deberán esforzarse para que la ciudad no pierda el nivel que ha alcanzado.
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