Esta semana conocimos una noticia en la que la Sala de Tutelas de la Corte Suprema de Justicia protegió los derechos de un ciudadano porque, en su proceso penal, apareció un borrador de sentencia condenatoria elaborado con inteligencia artificia antes de que terminara el juicio. Sí, antes de que concluyera la práctica probatoria, antes de que se cerrara el debate, antes de los alegatos de conclusión.

Estamos hablando de un documento que contenía valoración probatoria, conclusiones jurídicas, resúmenes de audiencias que no habían pasado y una decisión condenatoria anticipada. Eso no es un simple borrador, es una señal gravísima de prejuzgamiento.

La inteligencia artificial es una herramienta valiosa. Puede ayudar a sistematizar información, a optimizar tiempos, a mejorar la eficiencia judicial. Pero es, y debe seguir siendo, una herramienta. No puede reemplazar la valoración humana, la ponderación crítica, la sensibilidad jurídica que exige juzgar a otro ser humano y recordemos algo que es obvio: ChatGPT no siempre tiene la razón.

Un juez no es un operador de software, es el garante del debido proceso, de la presunción de inocencia y de la imparcialidad, cuando una condena parece estar escrita antes de que termine el juicio, lo que se rompe no es solo una regla procesal, se rompe la confianza en la justicia.

El debido proceso no es una formalidad. Es la garantía de que nadie será condenado sin que se escuchen todas las pruebas, todos los argumentos y todas las versiones. Anticipar la decisión, aunque se le llame borrador, vulnera directamente la presunción de inocencia y aún peor, cuando ni siquiera lo realiza el juez.

Además, debemos poner sobre la mesa que, si un juez adopta una decisión manifiestamente contraria a la ley o actúa con conocimiento de su improcedencia, el debate ya no es solo disciplinario. Es claro que nos encontramos ante un posible prevaricato. La independencia judicial no puede convertirse en inmunidad frente a conductas que lesionan derechos fundamentales.

No se trata de satanizar la tecnología. El futuro de la justicia necesariamente incluirá herramientas digitales y sistemas inteligentes. Pero delegar en la inteligencia artificial la estructura de una condena antes de que termine el juicio no es modernización, es una enorme irresponsabilidad.

Que esto no se vuelva práctica, que la justicia no sea automatizada, deshumanizada y peligrosamente eficiente para condenar. La tecnología puede ayudar, pero nunca puede decidir en algo tan humano como es la libertad y dignidad de una persona que se enfrenta a un proceso penal.

@CancinoAbog