Cada vez que una gran empresa tecnológica anuncia despidos masivos, la reacción es casi automática: “la inteligencia artificial está reemplazando a las personas”. El reciente anuncio de recortes en Amazon y otras compañías de Estados Unidos volvió a encender ese reflejo. Sin embargo, esa explicación, aunque atractiva, es incompleta y en muchos casos equivocada.
La industria tecnológica atraviesa un ajuste que tiene más que ver con decisiones tomadas durante la pandemia que con un súbito dominio de las máquinas. Entre 2020 y 2022, las grandes empresas contrataron de forma acelerada ante un crecimiento excepcional del comercio electrónico, el trabajo remoto y los servicios digitales. Ese escenario generó estructuras sobredimensionadas que hoy, en un entorno económico más normalizado y con tasas de interés más altas, están siendo corregidas.
En otras palabras, los despidos actuales responden principalmente a eficiencia operativa, reordenamiento estratégico y disciplina financiera. No a ejércitos de algoritmos sustituyendo de un día para otro a miles de empleados.
Esto no significa desconocer el impacto real que la inteligencia artificial tendrá en el mercado laboral. Es evidente que muchas tareas están siendo automatizadas, especialmente las repetitivas o altamente estandarizadas. Profesiones como el derecho, el diseño gráfico o el periodismo ya sienten la presión de herramientas capaces de redactar contratos básicos, generar imágenes o producir borradores de textos en segundos.
Pero la historia económica demuestra que cada gran revolución tecnológica destruye algunos oficios y crea muchos otros. La imprenta no acabó con los escritores. Internet no acabó con el comercio. Y la inteligencia artificial no acabará con el trabajo humano. Lo transformará.
La diferencia entre riesgo y oportunidad estará, como casi siempre, en la capacidad de adaptación. Quienes aprendan a usar estas herramientas como aliadas serán más productivos, más competitivos y más valiosos. Un abogado que apoye su análisis en IA será más rápido. Un diseñador que combine creatividad con modelos generativos será más versátil. Un periodista que utilice IA para investigar, procesar datos y verificar fuentes tendrá más tiempo para lo esencial: contar buenas historias.
El verdadero peligro no es que la inteligencia artificial quite empleos, sino que nos encuentre inmóviles. El reto para países como Colombia no es frenar la tecnología, sino preparar a su gente para convivir con ella.
Las rondas de despidos actuales deben leerse con cabeza fría: son parte de un ajuste empresarial, no el inicio de un apocalipsis laboral. La inteligencia artificial no tiene que ser el villano de esta historia. Puede ser, si sabemos usarla, uno de sus mejores aliados.


