El próximo 7 de agosto, el gobierno Petro le entregará al nuevo presidente un sector agropecuario prácticamente en el mismo punto donde estaba hace una década: abandonado y rezagado. La radiografía es implacable. De cada cien productores, 89 siguen excluidos del crédito formal, 83 continúan sin asistencia técnica, 77 trabajan sin maquinaria, 66 carecen de riego y 54 aún no tienen títulos de propiedad.
Estos indicadores fueron advertidos por el Censo Nacional Agropecuario del Dane en 2015, pero el país llega a 2026 con cifras casi idénticas, como si en diez años nadie hubiese estado a cargo de corregir el rumbo. Frente a este panorama crítico, el candidato presidencial Abelardo De La Espriella ha planteado cinco ejes estratégicos.
El primer eje es la Zonificación Agrícola Inteligente, una herramienta pensada para devolverle al campo algo que hoy parece un lujo: la certeza. Es apostar por un futuro donde los productores no siembren a la deriva, sino con el respaldo de la ciencia, el clima y los mercados. Una herramienta tecnológica que le muestre al campesino, en un lenguaje claro y en el momento exacto, qué sembrar según su tierra, cuándo hacerlo para lograr la mejor cosecha, cuánto producir para no perder dinero y a quién vender para asegurar una vida digna. Un sistema así no solo evitaría tragedias como las quiebras de los arroceros; también abriría la puerta a una Colombia donde el conocimiento llegue hasta la última vereda y donde cada siembra nazca con esperanza de prosperidad. Sería, por fin, poner la tecnología al servicio de quienes alimentan al país.
El segundo eje es la creación de Escuelas de Emprendimiento Rural en los más de 600 municipios rurales del país. Allí se formará gratuitamente a pequeños productores y jóvenes de último grado de bachillerato en Buenas Prácticas Agrícolas, formulación de proyectos rentables, innovación tecnológica aplicada al campo y acceso a mercados internacionales. La idea es simple pero poderosa: el conocimiento debe ser el primer insumo de cualquier proyecto productivo. Esto no sería un programa piloto más: sería política pública de Estado.
El tercer eje es una modernización integral del Sistema de Crédito Agropecuario. La propuesta incluye una gobernanza técnica en la CNCA; ampliación de la inversión obligatoria en TDA; sustitución gradual del esquema de redescuento para abaratar tasas por debajo del 1% mensual; garantías estatales de bajo costo, y un sistema de seguros que cubra riesgos reales y no simples eventos climáticos. El objetivo es claro: un crédito para quien sabe producir, no para quien sabe firmar papeles.
El cuarto eje apunta al corazón del atraso rural: la formalización de la propiedad. Abelardo propone un nuevo orden jurídico que permita otorgar títulos plenos a poseedores, ocupantes y propietarios sin registro, para que puedan acreditar dominio, acceder a crédito y entrar a la economía formal. Pero va más allá: ninguna tierra adjudicada puede entregarse “desnuda”. Cada hectárea debe ir acompañada de un proyecto productivo viable, un paquete tecnológico garantizado, crédito de fomento y seguro agropecuario. Tierra sí, pero tierra productiva desde el primer día.
Finalmente, el quinto eje es la apuesta por un gran presupuesto de bienes públicos rurales: vías terciarias, conectividad a internet e infraestructura logística para transformar materias primas y comercializar alimentos. Una red nacional de centros tipo Food Hubs, como los que operan en Europa y Estados Unidos, para integrar a los productores con la agroindustria y los mercados.
@indadangond


